Diferentes Personalidades, pero Unidos en Propósito

“Las parejas exitosas tienen algunas cosas en común, pero también algunas diferencias de personalidad, trasfondo y estilo de vida. Busque en su pareja idónea una persona cuyas diferencias pueden ayudarle a ser mejor persona, quien comparta sus valores y metas de vida, y que sea compatible.”

Los conflictos causados por la diferencia entre una pareja pueden estimular el desarrollo de la unidad o llevar al aislamiento. La clave es admitir que no existe competencia entre los dos, sino que se buscan complementar para completar. Buscar armonía en la diferencia requiere un espíritu enseñable.

El Dr. Van Epp en una de sus conferencias explica como la meta de una pareja es unirse para juntos ser más de lo que se puede ser separado. Él dice que la razón por la cual existen diferencias entre los dos en la pareja es para que se beneficien el uno del otro, no para competir o trabajar en contra del otro ya que las áreas fuertes de nuestra pareja sirven para complementar nuestras debilidades.

No importa cuán grandes sean las diferencias entre usted y su pareja en el área de la personalidad, el trasfondo y estilo de vida, lo más importante es estar unidos en propósito. El propósito de un matrimonio cristiano debe estar centrado en La Gran Comisión. Esta unión no debe, únicamente, ir en busca de placeres egoístas, sino en el engrandecimiento del evangelio de Cristo. Si al final de la carrera, nuestro matrimonio sirvió para glorificar a Dios habremos de recibir la recompensa.

Vivimos en un mundo imperfecto e injusto.

“Sea compresivo, tenga compasión, sea bondadoso, sea humilde. Reconozca sus errores y hágase responsables por la consecuencia de estos.”

Cuando yo era niña, mi familia estaba lista para sentarse a la mesa a comer una sopa caliente, nutritiva y deliciosa que mi madre había preparado un día lluvioso. Una de mis hermanas se sirvió la sopa y decidió que era una buena idea usar la silla de mesa. Ella puso su plato sobre la silla y estaba escondida debajo de la mesa comiendo su sopa. Mientras ella y yo nos reíamos de la situación, mi hermana mayor no viendo a una persona en la silla se sentó en ella sin darse cuenta que aunque nadie estaba sentado en esa silla, allí había un plato de sopa caliente. Como podrás imaginar, inmediatamente después de sentarse se levantó gritando pues se quemó al sentarse y la sopa en la silla terminó esparcida por todo el piso. La conmoción perturbó a mi padre quien, inmediatamente, sin entender lo ocurrido envió a mi hermana mayor (la que se había quemado con la sopa) a su cuarto. La pobrecita, sintió la fuerza de la injusticia de la vida caer fuerte sobre sus hombros en ese momento. No fue su culpa que ella se haya sentado en una silla donde había una sopa caliente. Después de que las cosas se calmaron y mi padre pudo re-examinar lo sucedido se sintió tan mal de haber castigado a la persona inocente. El reconoció su error y fue al cuarto de mi hermana mayor inmediatamente. Con lágrimas en sus ojos le pidió perdón y le ofreció el cuidado necesario.

Vivimos en un mundo imperfecto e injusto. Lo importante no es arreglar el mundo para que sea justo, sino ajustar nuestras actitudes para cuando actuamos injustamente podamos reconocer nuestros errores y actuar con humildad para corregirlos.  

Jesús sabía que en este mundo nunca iríamos a alcanzar justicia perfecta por lo que nos advierte: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Ten cuidado de que tú no seas el que esté imponiendo aflicción en los demás. Busquemos discernimiento para saber la diferencia.

¿Cómo enfrenta usted los conflictos?

“¿Cómo enfrenta usted los conflictos? ¿Los evita o se paraliza por estos? Sus emociones a veces pueden intensificarse y hacer que usted se comporte de manera irracional. Procure calmarse antes de actuar”.

Los conflictos que no se enfrentan correctamente terminan creando amargura. Algunas personas huyen del conflicto, rehusándose a enfrentarlo. Otros permiten que sus emociones se intensifiquen y se comportan de manera irracional. Las dos formas son incorrectas. Los problemas deben ser enfrentados racionalmente.  La Doctora Alicia La Hoz, en su libro Romance Perpetuo, nos da cinco recomendaciones como reglas de la comunicación que nos pueden ayudar a enfrentar los conflictos y resolverlos con éxito. Primero, ella dice que debemos perseverar y enfocarnos a exponer solo una queja. Cuando se está tratando un problema es sabio no traer otros asuntos a la conversación. Comenzar a nombrar todas las quejas que uno tiene sobre una persona quita el enfoque del problema presente y “ensucia las aguas”. Esto quiere decir que el problema ya no es el enfoque, sino la persona y al final no se resolverá nada.

Segundo, ella nos sugiere que hable por usted en el presente. Nunca se debe asumir lo que la otra persona está pensando o se debe hablar por el otro no importa cuánto crea que usted conozca a esa otra persona. Tercero, considere lo que la otra persona le está diciendo. Hay que tener cuidado de que no estamos tratando de forma obstinada de probar que tenemos la razón. Cuarto, regale el compromiso. Cuando uno gana la batalla el 100%, ha dejado a su paso a la persona que “perdió” maltratada y avergonzada. Esto no deja un buen resultado. Una persona nunca debe ser desvalorada de esa manera. Quinto, “para poder ganar, hay que perder.” La relación es más importante que el conflicto y uno debe tratar de enfrentar el conflicto sin destruir la relación.     

El Apóstol Pablo tiene una alta opinión sobre nuestra vocación y nos exhorta a que vivamos de una manera digna de la vocación con la que hemos sido llamados. Tenemos que andar de una forma digna aun cuando estamos en medio de un conflicto amargo. Resulta difícil no darse a los deseos de la carne cuando estamos siendo inundados por emociones intensas. Sabiendo esto, el apóstol nos dio las siguientes pautas: “con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos unos a otros en amor, esforzándoos por perseverar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Efesios 4:1-3)”. Memoricemos estos versículos y repitámoslos una y otra vez en nuestras mentes para que agrademos a Dios aun en medio de nuestras peleas o desacuerdos más intensos.

Si desea aprender más sobre cómo enfrentar los conflictos y las discusiones lea el tercer capítulo de Romance Perpetuo por la Doctora Alicia La Hoz.

¿Estas enfrentando una situación hostil?

A muchos nos ha tocado vivir en un mundo de desacuerdos, conflictos y malos entendidos. Cuando nuestra ideología, convicciones y hasta sentimientos van en contra de la corriente del charco donde nos toca nadar, la única forma de mantenernos a flote es desarrollando una gran fuerza mental.

Debemos, como dice el autor Barry Corey en su libro Amando la Amabilidad (Love Kindness), que tener centros firmes y bordes suaves cuando estamos enfrentando situaciones contrarias, bien sabiendo que muchas veces nuestra gracia va a ser enfrentada con hostilidad. Nos enfrentamos a la oposición con humildad, pero sin timidez. La amabilidad es una conversación respetuosa y dadivosa aun en medio de la oposición. La incivilidad es fragmentación y polarización. El profesor de filosofía Gregg Ten Elshof dice que los desacuerdos son inescapables. No los podemos evitar. Están aquí para siempre. Si aprendemos a relacionarnos con ellos, pueden convertirse en un recurso de amistad, crecimiento y unidad. Pero usualmente es lo contrario, nos dividen, nos aíran, traen a la superficie nuestras inseguridades.

En este caso escuchar y, por lo menos, reconocer lo que la otra persona está tratando de decir, puede terminar siendo la única solución a un problema imposible de resolver. Así que, en medio de tus desacuerdos, de los conflictos y los malos entendidos recuerda mantener tu centro firme, arraigándote a tus convicciones y manteniendo tus creencias intactas, pero con bordes suaves para que atraigas a otros con tu amabilidad y gentileza.

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Considerando los dos lados de un argumento

Es importante considerar los dos lados de un argumento. Hoy más que nunca debemos aprender a comunicarnos civilizadamente. Cuando tratamos una discusión como si fuera una competencia, estamos erigiendo barreras en nuestra comunicación y caemos en una trampa que no nos permite escuchar lo que el otro dice, sino que nos empuja hacia el abismo que trae separación entre nosotros y nuestros seres queridos.

Es por ello que debemos estar conscientes de cuándo hablar y cuándo callar y escuchar, si queremos vivir en paz con nuestros familiares y compañeros de trabajo y no en un estado constante de conflicto. Cuando nos callamos para que el otro tenga la oportunidad de exponer su lado del argumento, no solo nos instruimos, sino también reparamos heridas y barreras en nuestras relaciones.

Cuando estamos defendiendo nuestro lado del argumento a altas voces e insultando al que no está de acuerdo, no estamos escuchando. Aprender a mantener el silencio cuando nos urge hablar, es importante porque del silencio emana la sanidad.

Es importante no solo escuchar a las personas con las que estamos de acuerdo, sino buscar, constantemente, escuchar a personas cuyas opiniones y pensamientos son diferentes a los nuestros. Hazte la meta de sentarte a escuchar, tranquilamente, a una persona cuyas opiniones y perspectivas difieren, drásticamente, de las tuyas sin tomar a pecho sus observaciones y verás cuánto aprendes de esa persona.  No tienes que estar de acuerdo con ellas o cambiar tu parecer, pero puedes aprender a entenderlos y a permitir que te reten, te extiendan y te ayuden a desarrollarte como persona.

Escuchar es importante para el que busca ser árbitro de un argumento complejo. Ser caracterizado como uno que escucha bien y argumenta poco es el más alto complemento que se puede recibir y el papel más gratificante que uno pueda desempeñar.

QGMG_Reflections_Season7_Ep42

La pregunta no es si van a tener conflictos sino cuando

La pregunta no es si vas a tener conflictos en el matrimonio, sino cuando estos se presenten cómo los vas a enfrentar. No hay forma en este mundo que dos personas con diferentes antecedentes culturales de naturaleza egoísta, malos hábitos e idiosincrasias personales, van a vivir en sincronización perfecta.  Por lo que el primer paso ante el conflicto es detenerse y admitir que no están de acuerdo y esto es normal.

Los conflictos que no se enfrentan correctamente, terminan creando amargura. Algunas personas huyen del conflicto, rehusándose a enfrentarlo. Otros permiten que sus emociones se intensifiquen y se comporten de manera irracional. Las dos formas son incorrectas. Los problemas deben ser enfrentados racionalmente.  La Doctora Alicia La Hoz en su libro Romance Perpetuo nos da cinco recomendaciones como reglas de la comunicación que nos pueden ayudar a enfrentar los conflictos y resolverlos con éxito.

Primero, ella dice, que debemos perseverar y enfocarnos a exponer solo una queja. Cuando se está tratando un problema es sabio no traer otros asuntos a la conversación. Comenzar a nombrar todas las quejas que uno tiene sobre una persona quita el enfoque del problema presente y “ensucia las aguas”. Esto quiere decir que el problema ya no es el enfoque, sino la persona y al final no se resolverá nada.

Segundo, ella nos sugiere que hable por usted en el presente. Nunca se debe asumir lo que la otra persona está pensando o se debe hablar por el otro, no importa cuánto crea usted conocer a esa otra persona.

Tercero, considere lo que la otra persona le está diciendo. Hay que tener cuidado de que no estamos tratando de forma obstinada de probar que tenemos la razón.

Cuarto, regale el compromiso. Cuando uno gana la batalla el 100% ha dejado a su paso a la persona que “perdió” maltratada y avergonzada. Una persona nunca debe ser desvalorada de esa manera.

Quinto, “para poder ganar, hay que perder.” La relación es más importante que el conflicto y uno debe tratar de enfrentar el conflicto sin destruir la relación.

QGMG_Reflections_Season7_Ep40