Entre Todos los Asuntos, la Comunicación es el más Maravilloso

La comunicación ha existido desde que el ser humano hizo su marca en la historia y aun antes de que el primer cuneiforme fuera registrado. Sin embargo, el alboroto que el tema de la comunicación ha causado no comenzó hasta el siglo 20 cuando los científicos sociales comenzaron a estudiar su proceso y metodología. John Dewey el famoso filósofo, psicólogo y educador americano declaró en su libro El Público y sus Problemas publicado en el 1927, “la comunicación puede crear una gran comunidad” y “de entre todos los asuntos, la comunicación es el más maravilloso.” El consideraba la comunicación el más alto de las artes de la vida porque, es por medio de la comunicación, que hacemos de nuestras experiencias compartidas algo especial y significativo. Muchos han tomado las teorías abstractas de Dewey y se han dado a la tarea de desarrollar pasos concretos que puedan ayudar a la sociedad y a los individuos a mejorar su relación por medio de la comunicación.

Todos sabemos que las relaciones no existen en un vacío. Una relación se forja entre dos seres humanos cuyas emociones los unen, pero cada uno trae su historia, experiencias y valores. La empatía y la previsión de las que hablaba Dewey, verdaderamente, sostienen a estas dos personas diferentes y las unen de forma saludable.  Sin ella una montaña puede crecer del más pequeño grano.

Aunque no esté de acuerdo con todas las teorías de Dewey, sí te invito a que tomes esta perspectiva positiva de la comunicación y te des a la tarea de mejorar tu diálogo personal y profesional. No importa cuán especial sea nuestra relación, la comunicación es algo que nunca podemos tomar de concedido. Siempre hay espacio para crecer y mejorar la forma de comunicarnos.  Recuerda las palabras del sabio, “manzana de oro con figuras de plata es la palabra dicha como conviene.” Muestra empatía y previsión hacia tu pareja y desarrollarás una relación fuerte y saludable.

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La sabiduría puede encontrarse en la abundancia de los consejos.

“Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo. Más en la multitud de consejeros se afirman” (Proverbios 11:14). Busquen un consejo cuando se sientan abrumados por los desafíos que se le presentan.”

La sabiduría puede encontrarse en la abundancia de los consejos. Pero es importante que busques consejo solo de personas sabias, pues es claro que existen personas insensatas cuyas opiniones resultan ser más dañinas que beneficiosas. Escucha a personas que has visto tener éxito en el área que deseas lograr éxito. Este es el caso cuando buscamos amistad, consejo y ánimo en nuestros entrenadores, mentores, amigos profesionales y personas templadas.

Muchas personas temen buscar consejo porque no desean parecer incompetentes. Pero este temor no tiene base segura. Se ha demostrado que las personas que buscan consejo y escuchan con discernimiento son más competentes que las personas que toman decisiones sin recibir asesoramiento o escuchar las experiencias de otros. Así que pongamos nuestro orgullo a un lado y busquemos hacer lo mejor para nuestros hijos. Si no conoces a alguien con este tipo de cualificaciones, compra libros de expertos y saca provecho de sus experiencias. Entendiendo, claro está, que cada hijo es diferente y la misma fórmula no siempre funciona en cada situación.

Escuchando Consejos Sabios

“A veces nuestros hijos se empeñan en ir por un camino erróneo y esto nos decepciona. En vez de regañarlos, procure entender lo que les impulsa a llenar su inquietud con un romance o una adicción.”

Es prácticamente imposible obligar a un hijo a hacer lo correcto después que tiene cierta edad. Mi padre recitaba un poema que decía: “Tú no fuerzas a una flor a que se abra, la flor la abre Dios, tú no fuerzas a un amigo a que te ame; el amor lo da Dios. Tu no fuerzas a un alma a que crea; la fe la da Dios. Tu trabajas, oras y amas; lo demás lo hace Dios.” Este concepto de que uno no puede obligar a otro a hacer lo correcto es cierto.  Lo importante cuando nuestros hijos se empeñan en tomar su propio camino es continuar trabajando con ellos, amándolos y ejerciendo nuestra fe en Dios de que se recuperarán. Pero las peleas casi nunca mejoran las cosas.

Proponte en tu corazón permanecer presente en sus vidas, dándole consejos sabios con una actitud positiva y resiste la tendencia de permitir que el altercado arruine la relación entre ustedes. Porque este es el tiempo en el que más te necesitan. Aunque resulte difícil, habla con tus hijos con amor y paciencia procurando entender lo que los impulsa y practicando una presencia positiva y como dice el poema “lo demás lo hará Dios”.  

La individualidad no es Coincidencia

“Dialogue con sus hijos sobre las cualidades que ellos quisieran que su futuro esposo o esposa admire, reconozca y respete en ellos. Un amor inteligente no trata de cambiar solo para conquistar el amor de otra persona.”

La conformidad es lo opuesto a la valentía. Nuestros jóvenes buscan conformarse pensando que así pueden ser más compatibles entre pareja. La conformidad va guiada por el miedo. Nos conformamos porque tenemos miedo al castigo que sigue cuando nos rehusamos a seguir ciertas normas. Entre el castigo que nuestros hijos reciben cuando buscan ser individuales está el de ser ridiculizado, ignorado, aislado o rechazado. Algunos jóvenes no pueden soportar este tipo de castigo de parte de sus compañeros o de su pareja. Cada persona es diferente y como padres no siempre podemos evitar que nuestros hijos reaccionan de la forma en la que reaccionan. Pero sí podemos, desde que son pequeños, enseñarlos a tomar decisiones propulsadas por el amor y no por el miedo. Podemos inculcarles cuando juegan con sus amigos desde pequeños que lo que hacemos debe conllevar amor y respeto propio.  

Podemos hablarles sobre la importancia de la individualidad de sus ideas, esperanzas y sueños y animarlos a no dejarse suprimir por miedo a ser quienes son. Podemos también relucir su individualidad y enseñarlos a desarrollar una piel fuerte. Un amor inteligente no trata de conformarse o cambiar para conquistar a la otra persona; al contrario, hace relucir su individualidad para destacarse del montón.

El llamado del profeta Jeremías muestra, claramente, cómo Dios nos hizo especial y únicos con un llamado específico para nuestras vidas. Dios dice al profeta, “Antes que te formase en el vientre te conocí y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones” (Jeremías 1:5). Jeremías no tuvo que convertirse en un noble o un fuerte, etc. para cumplir su llamado. Dios llamó a este hombre sensible conocido como el profeta llorón para que hablara en las cortes del templo, en el palacio real y en las puertas de la ciudad con el propósito de advertir al pueblo de la cautividad inminente y la destrucción del Templo. Dios, sabiendo que era un hombre sensible, no lo obligó a convertirse en quien no era para darle su comisión, sino que lo usó grandemente y lo escogió para esta tarea aun antes de formarlo en el vientre.

Nunca hables de los demás en frente de tus hijos.

“El costo de correr el chisme es difamar la integridad de otros, algo que puede ocasionar mucho daño. Por lo tanto, ¡cuide su lengua!”

La lengua tiene el poder de iniciar un terremoto devastador con tan solo decir unas pocas palabras agudas y sarcásticas. Repetir un chisme es como enviar 800 voltajes por cables de 100. La destrucción que esto causa lleva ramificaciones y termina siendo triplicada a lo largo de una vida.

Casi nunca nos proponemos a correr chismes para causar daño. Usualmente, es la cualidad de entretenimiento lo que tanto nos atrae al chisme. Pero también es porque pensamos que somos mejores que los demás pues el chisme es una forma sutil de exhibir nuestro orgullo porque “no somos como ellos” o “no hacemos lo que ellos hacen”. La tercera razón puede ser admiración y la cuarta envidia.

Qué puedes hacer para combatir el chisme:

  1. Nunca hables de los demás en frente de tus hijos.
  2. Si tus hijos comienzan a hablar mal de sus maestros, amigos, etc.; en vez de continuar el chisme, enfatiza que es triste lo que a su amigo, maestro, etc. le está pasando y que puede ocurrirle a cualquiera.
  3. No compres revistas de chismes o mires programas de televisión que propaguen el chisme de los famosos (especialmente en frente de tus hijos).
  4. No condenes a los que chismean; simplemente no te unas a la conversación.
  5. No comiences chismes con tu pareja; mejor hablen de cómo pueden mejorar la relación entre ustedes dos.
  6. Si vas a repetir algo, nunca lo hagas con un espíritu vengativo.

Proponte en tu corazón mantener tu integridad rehusándote a ser parte del grupo que busca difamar la integridad del otro.

Adán y Eva disfrutaban de la creación de Dios y el paraíso donde Él los había puesto. Sus vidas estaban llenas de amor y tenían intimidad con Dios. No les faltaba nada. Estaban completos. Dios les había dicho que todo era para ellos. Que podían disfrutar y regocijarse en tanta belleza, pero del árbol del bien y del mal no debía comer.

Escuchar a Dios y obedecerle no necesita ser seguido por una discusión. Pero Satanás hizo, exactamente, eso: estableció una discusión con la mujer: ¿Con que Dios les ha dicho que no coman de todo árbol del huerto? y ella en vez de huir, le siguió la corriente: Del fruto de los árboles del huerto podemos comer más del fruto del árbol que está en medio del huerto Dios dijo no deben comer, ni lo debemos tocar pues si lo hacemos moriremos. Como Eva no huyó de la serpiente, sino que se puso a conversar con ella, la serpiente, que era la más astuta de entre todos los animales del huerto, la convenció de que si comían del árbol no morirían, sino que ella y su esposo serían iguales a Dios. Ella comió y el mal entró al mundo. Claro que no murieron, instantáneamente, pero hubo una muerte espiritual entre el hombre y Dios donde ya no podían tener más intimidad. Su desobediencia causó todo el dolor que la raza humana ha vivido. Nosotros sus descendientes hemos heredado su naturaleza pecaminosa. ¡Gracias le damos a Dios por enviar a su hijo para comprar nuestra salvación! ¡De otra manera, hubiésemos estado perdidos para siempre!

Pocas conversaciones tienen tanta consecuencia como la conversación entre la serpiente y Eva. La serpiente buscó el momento más apropiado y estableció una mala conversación con la primera mujer. Ella en vez de cortar la comunicación, decidió continuarla y se dejó engañar de la serpiente. Ahora, recuerda este versículo, cuando entablamos malas conversaciones erramos y se corrompe nuestra fe. Mejor huye a Dios y pídele que te ayude a mantener tu boca intacta, libre de conversaciones dañinas.

¡Cuán importante es actuar con buen juicio!

“¡Cuán importante es actuar con buen juicio! Un consejo oportuno puede evitar heridas o situaciones lamentables.”

Solo tiene que sentarse a escuchar las noticias por dos minutos para darse cuenta que el mundo está lleno de personas que actúan con falta de juicio. La raíz de tanta calamidad, usualmente, es el ego que no se controla. Un ego sin control fomenta un tipo de orgullo que destruye carreras y vidas. Por lo que debemos ir en busca de humildad. La humildad nos hace ver que no lo sabemos todo.

La arrogancia nos hace ciegos a nuestras propias faltas e imposibles de enseñar. Esta crece y se convierte en una barrera defensiva que nos hace sordos a la verdad. Este orgullo nos convence de que estamos en lo correcto cuando muchas veces no es así.  El exceso de orgullo se convierte en una arrogancia que ignora los consejos oportunos; hace a un lado la verdad y acepta la mentira que genera la importancia propia. Así que la próxima vez que su cónyuge o ser querido le esté diciendo algo, proponga escuchar con humildad para así poder examinar la situación y lograr tomar una decisión juiciosa que en el futuro podrá evitarle heridas o situaciones lamentables.

Es muy triste cuando una persona se pierde por no revestirse de la humildad requerida para aceptar consejos. La Biblia compara al que atiende corrección a uno que encuentra la vida misma: “El que atiende la corrección va camino a la vida; el que la rechaza se pierde” (Proverbios 10:17). Así que si desea vivir una vida abundante revístase de humildad y escuche los consejos oportunos. Dios nos ha dado la experiencia y el conocimiento de otros como una bendición disfrazada para ayudarnos a trazar una ruta buena para esta jornada. Los que la rechazan se pierden de la gracia y el amor de Dios manifestado en palabras de personas escogidas de Dios, santas y amadas.

El chisme entretiene, pero hace daño

“El chisme entretiene, pero hace daño a los involucrados. No importa cómo usted llegue a saber algo de otra persona, no se lo cuente a los demás. Sea un ejemplo de integridad para sus hijos”.
Esta mañana tuve la oportunidad de ir a la biblioteca de la escuela de mis dos hijos porque uno de ellos iba a recibir un reconocimiento por su carácter de cooperación y buena ciudadanía. Entre los padres que estaban presentes había un padre con una actitud negativa que se quejaba de la bibliotecaria. Cuando quiso entablar su conversación conmigo yo le dije, muy calmadamente, que a mí me pareció muy simpática y no observé que se haya portado groseramente como él dice. Después de esto, el señor del cual les hablo, se quedó muy tranquilo y no volvió a dirigirme la palabra. Seguramente porque él quería entablar una conversación hablando mal de la bibliotecaria y yo no le seguí la corriente.
El chisme es una fuente de inseguridad para nuestros hijos. Cuando los chismes llegan a ser parte de su vida diaria no pueden crecer con integridad. La integridad es hacer lo correcto, por las razones correctas, del modo correcto. Una persona íntegra es congruente y en sus acciones no existen divisiones. Esto es lo opuesto al chisme que requiere que una persona sea de una forma en una situación y luego critique y se torne negativa en otro contexto. Este tipo de comportamiento confunde al hijo, lo convierte en una persona insegura. En nuestro mundo de inseguridades es importante que criemos mujeres y hombres de carácter. Refrenarnos del chisme es una de las formas más efectivas para construir ese carácter en ellos.
Hemos recibido amonestación de que ninguna palabra corrompida debe salir de nuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes (Efesios 4:20). Es nuestro deber promover conversación sana como creyentes para dar gracia a los oyentes ya sea por medio de información, consejo, o amonestación. Busquemos no ofender con nuestros labios, no provocar disensión entre el cuerpo de Cristo y no condenar a nuestros hermanos con el chisme porque este nunca edifica.

Tapar el sol con un dedo

“Para muchos padres, es difícil aceptar los errores de los hijos. Investigue bien las acusaciones antes de negarlas, para así evitar el ciclo dañino.”

Un familiar cercano una vez me hizo una advertencia sobre un mal comportamiento que él vio en mi hijo. Mi primera reacción fue la de enojarme con él porque, según mi criterio, él estaba inventando y reflejando en mi hijo lo que él era o había vivido en su niñez. Después de que mi ira inicial pasó, me puse a pensar en cómo el futuro podría terminar si yo, por lo menos, no consideraba la advertencia que me estaba dando. Así que me revestí de humildad y entablé una serie de conversaciones y acciones preventivas con mi hijo. Mi familiar y yo nunca nos pusimos de acuerdo en los detalles de lo ocurrido, pero sí sé que gracias a su advertencia, mi hijo ha recibido más entrenamiento y enseñanza en un área de su desarrollo que yo había descuidado.

Es difícil y hasta casi imposible para un padre aceptar acusaciones de los demás hacia sus hijos sin primero estallar. Pero es importante de no “tapar el sol con un dedo”. Trate de ponerse neutral e investigar bien lo ocurrido, no para que se vuelva vindicativo hacia su hijo, sino para ayudarlo a corregir su camino con amonestación sabia.

¡Cuántas veces me he sentido deficiente ante la tarea de corregir y disciplinar a mis hijos! Problemas y situaciones enigmáticas se presentan y no sé cómo confrontarlas.  Pero he descubierto estos últimos 19 años que la clave está en la oración. Si en vez de alborotarme y perder mis estribos, me pongo de rodillas y busco dirección de mi Padre Celestial termino recibiendo una sabiduría para encarar la situación que de otra forma nunca hubiera encontrado. Los padres tenemos un llamado y un privilegio muy grande de parte de nuestro Señor para criar a nuestros hijos en disciplina y amonestación del Señor (Efesios 6:4). Pero también somos humanos y tenemos recursos muy limitados. Esta falta de recursos es parte de la voluntad de Dios, pues debido a estas limitaciones nos vemos obligados a depender de El para todo.

Al que le gusta ser independiente y liberado no le va a gustar ser un padre o una madre cristiana ya que para criar a hijos en la disciplina y amonestación del Señor necesitamos ser absolutamente dependientes del que en contraste con nosotros, tiene recursos ilimitados. Así que la próxima vez que te sientas deficiente, incapaz, torpe, confundido ante las acciones de tus hijos, da gracias a Dios que te tiene, exactamente, donde te quiere: dependiendo de él en una actitud de fe.

¿Cómo enfrenta usted los conflictos?

“¿Cómo enfrenta usted los conflictos? ¿Los evita o se paraliza por estos? Sus emociones a veces pueden intensificarse y hacer que usted se comporte de manera irracional. Procure calmarse antes de actuar”.

Los conflictos que no se enfrentan correctamente terminan creando amargura. Algunas personas huyen del conflicto, rehusándose a enfrentarlo. Otros permiten que sus emociones se intensifiquen y se comportan de manera irracional. Las dos formas son incorrectas. Los problemas deben ser enfrentados racionalmente.  La Doctora Alicia La Hoz, en su libro Romance Perpetuo, nos da cinco recomendaciones como reglas de la comunicación que nos pueden ayudar a enfrentar los conflictos y resolverlos con éxito. Primero, ella dice que debemos perseverar y enfocarnos a exponer solo una queja. Cuando se está tratando un problema es sabio no traer otros asuntos a la conversación. Comenzar a nombrar todas las quejas que uno tiene sobre una persona quita el enfoque del problema presente y “ensucia las aguas”. Esto quiere decir que el problema ya no es el enfoque, sino la persona y al final no se resolverá nada.

Segundo, ella nos sugiere que hable por usted en el presente. Nunca se debe asumir lo que la otra persona está pensando o se debe hablar por el otro no importa cuánto crea que usted conozca a esa otra persona. Tercero, considere lo que la otra persona le está diciendo. Hay que tener cuidado de que no estamos tratando de forma obstinada de probar que tenemos la razón. Cuarto, regale el compromiso. Cuando uno gana la batalla el 100%, ha dejado a su paso a la persona que “perdió” maltratada y avergonzada. Esto no deja un buen resultado. Una persona nunca debe ser desvalorada de esa manera. Quinto, “para poder ganar, hay que perder.” La relación es más importante que el conflicto y uno debe tratar de enfrentar el conflicto sin destruir la relación.     

El Apóstol Pablo tiene una alta opinión sobre nuestra vocación y nos exhorta a que vivamos de una manera digna de la vocación con la que hemos sido llamados. Tenemos que andar de una forma digna aun cuando estamos en medio de un conflicto amargo. Resulta difícil no darse a los deseos de la carne cuando estamos siendo inundados por emociones intensas. Sabiendo esto, el apóstol nos dio las siguientes pautas: “con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos unos a otros en amor, esforzándoos por perseverar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Efesios 4:1-3)”. Memoricemos estos versículos y repitámoslos una y otra vez en nuestras mentes para que agrademos a Dios aun en medio de nuestras peleas o desacuerdos más intensos.

Si desea aprender más sobre cómo enfrentar los conflictos y las discusiones lea el tercer capítulo de Romance Perpetuo por la Doctora Alicia La Hoz.

El niño que más necesita amor es el más indeseable

“Imponga consecuencias firmes y razonables si sus hijos ocasionan un daño. Si la intención fue maliciosa o desafiante, procure explorar la raíz del desafío.”
Seguramente, ha escuchado el dicho de que “el niño que más necesita amor es el más indeseable.” Mientras más desafiante se pone un hijo; más amor, comprensión y firmeza necesita. La firmeza está relaciona a las consecuencias que usted imponga a sus hijos por los daños que haya ocasionado.
Desafortunadamente, un padre puede empeorar las cosas en una de dos maneras. Primeramente. con el estilo de su personalidad y segundo, con la estrategia que escoge cuando disciplina. Un padre, por ejemplo, con una personalidad controladora, le quita las opciones a sus hijos cuando comienza a ser demandas constantes de su tiempo y a “ladrar” órdenes quitándole así su independencia. Este tipo de crianza tan estricta hace que su hijo ejerza su deseo de independencia de forma negativa y comience a exhibir señales de rebelión. Por el otro lado, un padre permisivo puede darse, fácilmente, por vencido cuando su hijo se queja o resiste corrección. En este caso el hijo comienza a convertirse en un manipulador por excelencia. La buena noticia es que si el padre reconoce que su personalidad exhibe características de que es, excesivamente, estricto o, excesivamente, permisivo puede superarse si se esfuerza por el bien de los hijos.
La segunda forma de empeorar las cosas es cuando el padre escoge un tipo de disciplina que no es igual a la infracción que ha sido cometida. Por ejemplo, quitar a su hijo el privilegio de su teléfono por el fin de semana puede ser un castigo demasiado extremo si la infracción fue que se le olvidó colgar la toalla después del baño. Así que imponga consecuencias razonables cuando sus hijos ocasionan daño o exhiben comportamientos no deseables. Cuidándose de que lo que está haciendo lo está haciendo con amor, compresión y firmeza.
La raíz de la palabra disciplina es discipulado. La razón por la cual disciplinamos a nuestros hijos es porque deseamos que se conviertan en discípulos de Cristo: “El mandamiento es una lámpara, la enseñanza es una luz y la disciplina es el camino a la vida” (Proverbios 6:23). El que no disciplina con amor, comprensión y firmeza, no está haciendo discípulos. El que disciplina con ira y manipulación está contribuyendo así a la muerte espiritual de sus hijos. Así que discipline a sus hijos como nuestro Padre celestial nos disciplina a nosotros.

Respondiendo a los Hijos con Firmeza

“¿Cómo puede usted responder con amor cuando sus hijos lo decepcionan? No los proteja. Amarlos es dejarlos ser responsables.”

No es lo mismo responder que reaccionar. Muchas veces reaccionamos en vez de responder, pues asumimos que nuestros hijos son perfectos y nunca van a ir en contra de nuestra voluntad o instrucción. Otras veces hacemos lo opuesto y cuando el hijo se rebela o termina haciendo algo que va en contra de nuestros principios, después de reaccionar con enojo nos convertimos en apoyadores. Reaccionar con ira, gritos o enojo es una decisión emocional que no va acompañada de lógica, pero apoyar la falta sin corregir, o permitir que el hijo se atenga a las consecuencias de sus acciones es también un acto ilógico.

Es mejor responder; dar una respuesta o una solución con cordura, amor y firmeza para que haya una resolución. Cuando los hijos hacen cosas que nos decepcionan, nos sentimos obligados a reaccionar con gritos, amenazas e insultos. Todas estas reacciones emocionales terminan siendo absurdas al final, pues solo conducen a una rotura más grande de la relación entre padres e hijos. Si la situación es muy explosiva, puedes decir lo siguiente: “Lo que me estás diciendo es impactante; ahora mismo no sé qué decir o cómo reaccionar. Permite que piense las cosas por unas horas para que hablemos más adelante, calmadamente. ¿Te parece?” Usa las próximas horas para desintoxicarte de tu ira y regresar al lugar de cordura en el cual tu hijo necesita encontrarte. Responder con amor, gracia y firmeza es la tarea más difícil que tendrás como padre, pero al final, el resultado será más fructífero. Puedes por ejemplo decir, “He pensado bien las cosas y primero quiero que sepas cuánto te quiero y cuánto desearía que hayas tomado una decisión diferente. Pero lo hecho, hecho está. Ahora vamos a salir adelante y vamos a enfrentar las consecuencias de nuestras decisiones. Yo voy a estar aquí para darte apoyo mientras tú enfrentas esta situación precaria con toda la valentía que yo sé que tienes.”

Muchas veces olvidamos reaccionar medidamente delante de nuestros hijos. Pero la iglesia está compuesta de familias y usted es el jefe de su familia, por lo que es el pastor de las ovejitas que viven en su hogar. Su reacción, entonces, no debe ir acompañada de enojo o de apatía. Si no sabe cómo responder a sus hijos con firmeza y amor a la misma vez, pida a Dios que le de sabiduría y él se la dará abundantemente y sin reproche (Santiago 1:5). Aun si sus hijos no asisten a la iglesia con usted o se han desviado del camino, debe recordar que el amor es benigno (I Corintios. 13:4).

Relación entre Padres e Hijos

“Cuando los hijos cometen graves errores y se avergüenzan de sus malas decisiones, es importante que hablen con sus padres. Fomente una relación de confianza para que lo busquen en momentos decisivos.”
Desarrollar una relación de confianza con los hijos comienza desde la cuna cuando los vínculos de apego comienzan a formarse. Es aquí que el niño primero aprende que puede depender de sus padres cuando está angustiado. A medida que van creciendo, la disciplina apropiada y los límites que se establecen continúan fortaleciendo esos vínculos, pues el jovencito se da cuenta que la disciplina y los límites han sido establecidos para su protección.
El niño, que ahora se ha convertido en adolescente, debe siempre sentir la presencia de sus padres. Saber que están ahí para amarlo, aceptarlo y guiarlo aun cuando las cosas no van bien, disminuye la depresión y la inseguridad. Mientras más tiempo un adulto pasa con su hijo más apto está el hijo a tomar riesgos. Es importante que tus hijos sepan que estás siempre disponible por si te necesita.
Cuando un hijo está en un aprieto, lo que más necesita es el apoyo de sus padres. Si se ha sentido apoyado en situaciones menos emergentes, entonces, tendrá la valentía de buscarlos en sus momentos decisivos. Nunca es tarde para comenzar a ser un padre más efectivo. Una vez los años de entrenamiento hayan pasado, los padres deben esforzarse en amar y escuchar más que disciplinar y advertir para que la relación entre ellos no se estanque, sino que pueda seguir creciendo.
Cuando estamos en aprietos, Dios quiere que corramos hacia él, pues él es nuestro padre celestial. Él es el padre perfecto y solo él puede rescatarnos. Si queremos ser buenos padres terrenales debemos estar en contacto directo con nuestro padre celestial, de otra forma el trabajo se nos hace agobiante e iremos de fracaso en fracaso. En Malaquías 3:17 Dios nos dice, “Y serán para mí especial Tesoro, ha dicho Jehová de los ejércitos, en el día en que yo actué; y los perdonaré, como el hombre que perdona a su hijo que le sirve.” Procura ser el tipo de padre terrenal que recuerde a sus hijos el amor y la misericordia del padre celestial.

El Psicópata Encantador

Los seres humanos tenemos la tendencia de confiar en extraños y desconfiar de amigos y familiares. Por eso es que los padres hacen tanto énfasis advertir a sus hijos pequeños sobre los peligros que un extraño puede presentar. Un adolescente, por ejemplo, sale del cine y se mete al carro con un extraño que acaba de conocer en el teatro por primera vez, pero no confía en las advertencias de su madre de no salir con extraños que conoce solo por internet.

Es posible que la indiferencia a las advertencias de los padres pongan al individuo en manos de un psicópata. Los psicópatas existen en toda raza, cultura, y estilos de vida.  Su meta es manipular y engañar a las personas, como parte de su estilo de vida. Son difíciles de identificar porque son como camaleones. Quien no los reconoce se convierte en su víctima. Los psicópatas son tan difíciles de identificar que dejan varias victimas a su paso.

Para el ojo bien entrenado, las coberturas del camaleón se hacen visibles cuando este comienza a mostrar anormalidad social. Este de naturaleza es impulsivo, irresponsable, superficial, egoísta, grandioso, no muestra empatía o arrepentimiento verdadero por sus decisiones impulsivas y dañinas, es manipulador, y sus emociones son superficiales.  Pero para el ingenuo estas señales no se hacen obvias y cualquiera puede caer en su trampa por eso un psicólogo los ha nombrado el “psicópata encantador”.

Toma tiempo para incluir en tus conversaciones diarias con tus hijos las anécdotas de experiencias personales o de amistades y familiares que han sido enredados por las palabras de uno de esos “psicópatas encantadores”. Explícales cuál es su juego y cómo pueden escapar de sus encantos. Enséñales a establecer límites y a hacerse respetar. Sobre todo, muéstrale con tu ejemplo cuales son las características de una relación saludable y como deben ser tratados por la persona que aman.

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Escucha a tus hijos, te necesitan

Nuestros hijos adolescentes y jóvenes adultos necesitan que estemos presentes en sus vidas no importa cuanto lo denuncien. Pero el rol que debemos tomar no es uno de sermoneo. Nuestros hijos desean que estemos alertas y conscientes mientras los escuchamos. Si tu hijo te provee poca información escucha lo poquito que te ofrece con tus ojos, tus oídos, y tu corazón y trata de ponerte en su lugar. Escuchar involucradamente es escuchar al nivel más alto. Esta manera de escuchar tiene el potencial de inspirarlos a seguir hablando y le da la oportunidad de descubrir sus propias resoluciones permitiendo que sus ideas se desarrollen.

Cuando tratamos de interrogar a nuestros hijos como si fueran delincuentes en vez de tomar un tono más tierno como, “Mi hija, me preocupa…” cerramos las puertas de la comunicación. Entendemos que es difícil tomar un tono más civil cuando nuestros hijos nos han decepcionado pero si realmente deseamos llegar al fondo del asunto debemos tomar una actitud diferente.

Recomendamos que cuando hables con tu adolescente NO repitas las siguientes frases para no frustrar el proceso:

  • “Entiendo exactamente lo que estás diciendo o sintiendo.” (No compares dos experiencias).
  • “Oh sí, eso es algo que pasa todo el tiempo…” (No generalices.)
  • “No entendí ni una palabra de lo que dijiste.” (No ignores o descartes lo que se ha comunicado.)
  • “¿Estás seguro?” (No dudes la palabra del que habla.)
  • “No es gran cosa.” (No trivialices el asunto.)
  • “No juzgues.” (No analices lo dicho pasándolo como si fuera juzgar.)
  • “Descansa; mañana veras las cosas diferentes.” (No minimices la forma en la que la otra persona se siente.)
  • “¿Cómo puedes pensar eso?” (No te pongas a la defensiva.)

Hablar con nuestros jóvenes, especialmente cuando están perturbados, es una tarea difícil pero vale la pena aprender a hacerlo porque en su desesperación es lo que más necesitan.

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Escuchar es un reto

La mayoría de las habilidades que desarrollamos en la vida requieren ser perfeccionadas con práctica. No importa cuán talentosos seamos si no practicamos lo que estamos aprendiendo nunca vamos a sobresalir. Lo mismo es cierto para el que aprende a escuchar. Escuchar correctamente incluye diferentes técnicas y reacciones que demandan conocimiento y práctica.

La concentración y la atención son dos elementos esenciales para los que buscan escuchar involucradamente. Esto es un reto en una sociedad donde estamos tan distraídos con nuestros teléfonos celulares, tabletas, juegos electrónicos, televisión, y redes sociales. Aun con todo esto tenemos que buscar crear un espacio donde todas estas distracciones sean removidas, incluyendo nuestras voces internas y preocupaciones personales. Poniendo a un lado todas nuestras preocupaciones es como liberamos nuestras mentes de agitación. La falta de agitación interna nos convierte en personas que escuchan involucradamente.

Los próximos elementos esenciales en el proceso de escuchar que debemos tener presente si nos vamos a convertir en personas que escuchan involucradamente son la combinación de nuestro lenguaje corporal y el contacto visual. Cuando te pido que relajes tu cuerpo de seguro piensas que quiero que hagas una contorsión de yoga. Pero no te preocupes; no tienes que ir a tal extremo. Simplemente allegándote a tu hijo a la distancia del brazo extendido, sin cruzar tus brazos y manteniendo contacto visual para amablemente dejarle saber que estas escuchando es un buen paso para comenzar a conquistar esta estrategia.

Luego, debemos aprender el balance delicado entre repetir y animar, repitiendo y resumiendo lo que la otra persona dice sin actuar de forma condescendiente y sin interponer tu propia opinión o dar tus sugerencias y hacer preguntas importantes sin que tus preguntas se conviertan en un interrogatorio que ponen a la otra persona a la defensiva. Esto es más difícil de lograr de lo que parece pero vale la pena tratar de perfeccionar.

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