Hay situaciones en las que es difícil mantener la calma.

“Antes de hablar con sus emociones, tome un momento para calmarse, considerar la situación y contemplar los consejos y punto de referencia de las otras personas involucradas.”

Hay situaciones en las que es difícil mantener la calma. Debemos aprender a asumir control personal de nuestras acciones y reacciones ante situaciones estresantes. El ejercicio diario, consumir comidas saludables y aprender algunos ejercicios de relajamiento, nos ayudarán a reducir la tensión, lo cual a su vez nos ayuda a aclarar nuestros pensamientos para responder de forma apropiada cuando nos encontramos en situaciones que nos alteran.

Cuando no consideramos el punto de referencia de las otras personas involucradas terminamos llegando a conclusiones basadas en la imaginación y no necesariamente en la realidad. Así que evalúa cuidadosamente las circunstancias a ver si estas ameritan tu enojo y busca clarificación sin perder tus estribos. El comportamiento inapropiado de nuestros hijos NO justifica nuestras reacciones inapropiadas. Cuando ellos actúan de forma irracional, nosotros somos los que debemos actuar racionalmente. La ira no aclara los pensamientos, sino que los enloda y si los dos estamos actuando de manera irracional entonces no habrá resolución.

Nuestras órdenes de marcha son claras: “quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia y toda malicia”. En vez somos llamados a ser benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros como Dios también nos perdonó en Cristo (Efesios 4:31,32). Estas órdenes no son para los domingos cuando vamos a la iglesia, son para que la apliquemos y vivamos día a día en el razonamiento diario de la vida.

 

El amor piensa.

“Una estrategia inteligente de amar toma su tiempo. Primero existe la atracción con límites de intimidad; luego viene la etapa de conocerse mejor y tomar decisiones. Aproveche la oportunidad ahora de hablar a sus hijos sobre estas etapas.”

Al principio en una relación entre adolescentes, uno de los dos va a ser presionado por el otro para progresar rápidamente en la relación y hasta iniciar una intimidad sexual sin primero pensar.  Es bueno hablar con nuestros hijos aun cuando todavía no han iniciado la adolescencia y explicarles la importancia de la progresión saludable y natural en una relación. Debemos también enfatizar que el amor piensa.  

Las relaciones de adolescentes muchas veces van motivadas por percepciones irrealistas, hormonas y necesidades personales. A ninguna de estas tres cosas le gusta armonizar con el cerebro. Sin embargo, cuando las motivaciones no van acompañadas de un poco de cordura y materia gris, terminan desilusionando y confundiendo. Enseña a tu hijo que las mejores relaciones se desarrollan con el tiempo porque es el tiempo lo que permite que dos individuos se conozcan en diferentes dimensiones y situaciones. La mayoría de los atributos negativos de una persona no se hacen evidentes hasta después de 9 o 10 meses de comenzar a conocerse. Mientras mejor se conocen, mejor posibilidad tiene la relación de perdurar.

Para no terminar lamentando una decisión inmadura, enseña a tus hijos a delinear límites claros que separen sus comportamientos y sus emociones.

De por sí somos sordos y ciegos. No podemos ver, y a veces, simplemente, nos rehusamos a ver lo que está en nuestras narices. San Pablo dijo: “teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente” (Efesios 4:18). Es solamente el poder transformador del evangelio que puede abrir nuestros ojos y activar nuestro cerebro a pensar con claridad. No se canse de orar para que Dios transforme su mente y la de sus hijos y abra los ojos de su entendimiento en todas las áreas de su vida (Efesios 1:18).

Es importante actuar honradamente.

 

“Porque yo digo y punto no es la respuesta ideal cuando usted desea que sus hijos se aparten de relaciones que podrían ser problemáticas. Tomar tiempo y explicar las razones para que no se involucren, es algo que ellos aprecian.”

Una vez mencioné a una amiga cuánto admiraba a sus hijos y la forma en la que se trataban el uno al otro en su familia. Ella me confesó que la clave era enseñar honor a los hijos desde muy pequeños. Mi amiga inculco en la mente de sus hijos que las familias están compuestas de personas imperfectas y que casi todos tienen la tendencia de tomar decisiones egoístas. Pero antes de tomar esa postura egoísta pensarán en dar honor al otro.  El honor piensa en lo que agrada a la otra persona y da más de lo que se espera. Es poner la necesidad del otro sobre la tuya. Ella aun así me advertía que la disciplina es importante y toma esfuerzo y trabajo, pero cuando nos enfocamos en desarrollar honor las peleas se hacen menos estresantes.

Cuando un hijo quiere tomar su propio camino, en vez de gritar “porque yo digo y punto,” sería más conveniente hablar sobre la mejor forma de rendirse honor a sí mismo, a los padres y a la otra persona que pueda verse envuelta en esta situación.  Debemos tener cuidado de que en el calor del momento no tomemos decisiones que nos traigan deshonra a nosotros mismos y a los demás. Este tipo de decisión hiere nuestra dignidad bajando nuestra estima. La razón es, usualmente, porque esta deshonra propia va acompañada con una deshonra a los padres y a los demás y somos una unidad. Un individuo no es una isla en sí mismo. En una familia somos interdependientes el uno del otro y lo que hacemos tiene consecuencias para nuestra comunidad familiar. Por eso el apóstol escribió: “amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, refiriéndonos los unos a los otros” (Romanos 12:10).

Escoge Bien.

Aproveche los problemas como una oportunidad para enseñar y hablarle a los hijos sobre cómo reducir los riegos de tomar malas decisiones románticas y de la estrategia inteligente del amor.”

Durante los dos años que trabajé como maestra de un prescolar, me acostumbré a decir una y otra vez, “¡Escoge bien!”. Siempre daba opciones a los niños para que escogieran entre merienda, juegos, actividades, amigos y hasta comportamiento. Ellos sabían que una vez escogían una merienda o un amigo para hacer un proyecto no había forma de volverse para atrás y cambiar de parecer. Se lo decía también cuando se peleaban entre sí, porque si yo los tenía que separar porque uno empujó al otro, etc., entonces iban a tener que hacer sus proyectos solos (una tortura para un niño de 3 o 4 años).  Por eso siempre les decía: “¡Escoge bien!”

Estas mismas palabras se las repito a mis tres hijos que hace tiempo dejaron atrás su etapa prescolar. Porque durante toda la vida tenemos que tomar decisiones comenzando con lo que vamos a comer, si nos vamos a ejercitar, si vamos o no a seguir las sugerencias de amigos insensatos, si vamos a gastar nuestro dinero en ‘chucherías’ o lo vamos a ahorrar para algo especial, si vamos a hacer la tarea con ahínco para sacar buenas calificaciones o vamos a actuar con negligencia y la lista continúa…

En la vida tenemos que tomar muchas decisiones y mientras más decisiones inteligentes tomamos más felices somos. Si estamos acostumbrados a tomar decisiones inteligentes cuando tengamos que escoger entre una encrucijada romántica estaremos más aptos a formular una estrategia inteligente. Esto no es una garantía, pero sí es una buena guía para seguir.

Jesús nos advirtió en el Sermón del Monte cuán difícil escoger bien puede ser para un cristiano cuando dijo: “entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida; y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13-14). El camino estrecho no es muy popular, pero al final lleva a la vida. Enseñemos a nuestros hijos a escoger bien para que cuando sean adultos no se empeñen en entrar por la puerta ancha.

Nuestra tendencia es la de ser seres adictivos.

“Si sus pensamientos y sentimientos por alguien le consumen, y dicha obsesión le motiva a tomar decisiones inmaduras, deténgase. Es posible que la química y el sentimiento le hagan deslizar en apegos románticos antes de que sepa que no es sabio.”

Para los jóvenes es fácil desarrollar una obsesión que luego les hace tomar decisiones inmaduras que terminan lamentando. Parte de la razón por la cual debemos observarlos cuidadosamente y ayudarlos cuando toman sus decisiones es porque la parte del cerebro de una persona que mide las consecuencias del comportamiento no está completamente desarrollada hasta después de haber cumplido los 25 años. Una chica, por ejemplo, que se envuelve en actividades sexuales produce una hormona que la une a la persona con la que está envuelta de forma emocional. Así que, lo que comenzó casualmente y sin compromiso, terminará causando heridas profundas y permanentes. Debido a esta hormona si su novio es abusivo o ha mostrado atributos negativos en su personalidad, a la chica se le hará difícil dejarlo. No porque le falte fuerza de voluntad, pero porque querer a un patán se ha convertido en un problema fisiológico, debido a que esta hormona los ha unido químicamente.

Si nota que su hijo o hija está obsesionado/a, mantén las vías de la comunicación abierta. Este no es el momento para desconectarse de su hijo. Escúchelo y aconséjelo impartiendo su sabiduría cada vez que tenga la oportunidad sin causar peleas que los desconecten.

La vida del creyente es una de sacrificio personal que requiere que este “muera al yo” (Gálatas 5:24). Nuestra tendencia es la de ser seres adictivos. Tenemos una necesidad fuerte y dañina de tener o hacer algo regularmente que nos causa daño o lo va a causar en el futuro. Esta adicción se manifiesta en forma de capricho y es, raramente, saludable. Si hablamos regularmente a nuestros hijos de las cosas que causan dependencia en nuestras vidas, le ayudaremos a poner a muerte esta parte egoísta y obstinada que desea algo de forma excesiva, aunque esto signifique la destrucción propia. La verdadera libertad no está en buscar hacer lo que uno quiere, sino lo que es beneficioso.

Diferentes Personalidades, pero Unidos en Propósito

“Las parejas exitosas tienen algunas cosas en común, pero también algunas diferencias de personalidad, trasfondo y estilo de vida. Busque en su pareja idónea una persona cuyas diferencias pueden ayudarle a ser mejor persona, quien comparta sus valores y metas de vida, y que sea compatible.”

Los conflictos causados por la diferencia entre una pareja pueden estimular el desarrollo de la unidad o llevar al aislamiento. La clave es admitir que no existe competencia entre los dos, sino que se buscan complementar para completar. Buscar armonía en la diferencia requiere un espíritu enseñable.

El Dr. Van Epp en una de sus conferencias explica como la meta de una pareja es unirse para juntos ser más de lo que se puede ser separado. Él dice que la razón por la cual existen diferencias entre los dos en la pareja es para que se beneficien el uno del otro, no para competir o trabajar en contra del otro ya que las áreas fuertes de nuestra pareja sirven para complementar nuestras debilidades.

No importa cuán grandes sean las diferencias entre usted y su pareja en el área de la personalidad, el trasfondo y estilo de vida, lo más importante es estar unidos en propósito. El propósito de un matrimonio cristiano debe estar centrado en La Gran Comisión. Esta unión no debe, únicamente, ir en busca de placeres egoístas, sino en el engrandecimiento del evangelio de Cristo. Si al final de la carrera, nuestro matrimonio sirvió para glorificar a Dios habremos de recibir la recompensa.

Adviértales a sus hijos del peligro de las emociones y hormonas.

“Cuando un joven se encapricha, las químicas soltadas por el cerebro producen energía, euforia y felicidad. Adviértales a sus hijos del peligro de las emociones y hormonas, las cuales pueden confundir y anímelos a amar no solo con el corazón, pero con su mente también.” La parte del cerebro de una persona que mide las consecuencias de su comportamiento no está completamente desarrollada hasta después de haber cumplido los 25 años.

Por eso un joven debe abstenerse de relaciones sexuales, especialmente, temprano en la relación ya que estas producen una hormona que lo unen a la persona con la que está envuelto emocionalmente.  Esta hormona, junto a la falta del desarrollo completo del cerebro, forman una combinación peligrosa. Este químico crea un comportamiento adictivo. Es el tipo de químico que mantiene a una persona adicta a la heroína o la cocaína por lo que los dos adolescentes envueltos dejan de considerar el riesgo que corren de adquirir enfermedades transmitidas sexualmente, embarazos no deseados o el peligro de una relación abusiva.

Cuando enseñamos a nuestros hijos a amar con la mente, no solo con el corazón los estamos ayudando en este periodo en el cual su cerebro necesita ser guiado.  La Biblia dice que, “Engañoso es el corazón más que todas las cosas y perverso ¿Quién lo conocerá?” Jeremías 17:9. Dios no desea que nuestras emociones lleven las riendas de nuestras vidas por una razón en particular: Nuestro corazón es engañoso. Todos tenemos un corazón engañoso que juega trucos con nuestros pensamientos. Por eso Dios nos ha dado su palabra para que midamos nuestros deseos con sus mandamientos. Si nuestros deseos van en contra de los mandamientos de Dios, entonces, la decisión se hace difícil. Nuestro deseo es ir por un camino, pero el de Dios es que vayamos por otro.  El Espíritu Santo nos ayuda a obedecer a Dios y morir al yo.

El Espíritu Santo actúa en nosotros de la forma opuesta a nuestro corazón. Mientras que el corazón es engañoso, el Espíritu Santo es verdadero (Juan 14:17). Él es nuestro consejero, consolador, el maestro que nos enseña todas las cosas y nos recuerda lo que Dios ha dicho en su palabra.

No tenemos que depender de nuestra condición natural de humanos. Pues mejor es dejarse guiar por el Espíritu Santo. La Biblia dice que hemos sido sellados con el Espíritu Santo de la Promesa. Esto quiere decir que él está a nuestro lado a todo tiempo para guiar nuestros pasos y traernos la convicción que necesitamos.  El Espíritu Santo nos guía hacia toda verdad y agiliza en nosotros su Palabra. Pero también nos ayuda en nuestras debilidades (Romanos 8). Así que no dejes que tu corazón lleve las riendas de tu vida. Mejor dáselas a quien puede guiarte sin engaño.

El matrimonio es algo hermoso.

“¿Tiene como misión encontrar su media naranja? Enfóquese en crecer como persona y encamine sus pasos hacia la ruta que le llevara a alcanzar sus metas vocacionales primero. Así cuando llegue al matrimonio se sentirá más realizado y más tranquilo consigo mismo.”

Decir que el matrimonio es lo que nos completa, es decir que nosotros como individuos no estamos operando a un 100% porque nos falta un pedazo, que somos deficientes y nos falta algo que solo otra persona puede llenar. Esto me parece sospechoso.

Un compañero te complementa y que contribuye a tu persona. Esas áreas en tu vida en la que eres débil, esa otra persona es fuerte y abundante. Son tus voceros, tu roca, – te ayudan a ser una mejor persona. Pero para contribuir a una relación es mejor primero buscar crecer personalmente y alcanzar nuestras metas vocacionales y educativas. El matrimonio es algo hermoso. Pero no tienes que estar casado para ser feliz o sentirte completo. Puedes sentirte seguro de quién eres. No te metas en una relación para llenar un vacío, complacer a tus parientes o llenar una expectativa, porque esto solo te llevará a sentirte descontento.

Aunque el matrimonio sí hace completa a una familia, este no es el caso con un individuo. Lo que completa a un individuo es Cristo. Hay que llevar una relación íntima con su Dios para sentirse completo.  Como dice el himno: “Cristo es mi pasión, él es mi recompensa; no hay nadie como él; nada satisfice más; Él es mi porción, el gozo de mi alma; mi esperanza está en él. Así que antes de buscar una relación amorosa, busca desarrollar tu relación con quien debe ser tu todo en todo.

Vivimos en un mundo imperfecto e injusto.

“Sea compresivo, tenga compasión, sea bondadoso, sea humilde. Reconozca sus errores y hágase responsables por la consecuencia de estos.”

Cuando yo era niña, mi familia estaba lista para sentarse a la mesa a comer una sopa caliente, nutritiva y deliciosa que mi madre había preparado un día lluvioso. Una de mis hermanas se sirvió la sopa y decidió que era una buena idea usar la silla de mesa. Ella puso su plato sobre la silla y estaba escondida debajo de la mesa comiendo su sopa. Mientras ella y yo nos reíamos de la situación, mi hermana mayor no viendo a una persona en la silla se sentó en ella sin darse cuenta que aunque nadie estaba sentado en esa silla, allí había un plato de sopa caliente. Como podrás imaginar, inmediatamente después de sentarse se levantó gritando pues se quemó al sentarse y la sopa en la silla terminó esparcida por todo el piso. La conmoción perturbó a mi padre quien, inmediatamente, sin entender lo ocurrido envió a mi hermana mayor (la que se había quemado con la sopa) a su cuarto. La pobrecita, sintió la fuerza de la injusticia de la vida caer fuerte sobre sus hombros en ese momento. No fue su culpa que ella se haya sentado en una silla donde había una sopa caliente. Después de que las cosas se calmaron y mi padre pudo re-examinar lo sucedido se sintió tan mal de haber castigado a la persona inocente. El reconoció su error y fue al cuarto de mi hermana mayor inmediatamente. Con lágrimas en sus ojos le pidió perdón y le ofreció el cuidado necesario.

Vivimos en un mundo imperfecto e injusto. Lo importante no es arreglar el mundo para que sea justo, sino ajustar nuestras actitudes para cuando actuamos injustamente podamos reconocer nuestros errores y actuar con humildad para corregirlos.  

Jesús sabía que en este mundo nunca iríamos a alcanzar justicia perfecta por lo que nos advierte: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Ten cuidado de que tú no seas el que esté imponiendo aflicción en los demás. Busquemos discernimiento para saber la diferencia.

Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón.

“Procure conocer a la persona por lo menos 3 meses antes de comprometerte a un noviazgo más duradero. Conózcale en todos los contextos: la iglesia, la familia, el trabajo y la comunidad. Entre en una relación con los ojos bien abiertos”.

Cuando primero conocemos a alguien es imposible saber quién es en realidad por lo que, naturalmente, basamos nuestra primera impresión en su apariencia física.  Esta primera impresión con el tiempo y la variedad de contextos en las que nos encontramos va madurando gracias a la revelación personal que ocurre entre los dos. Una relación que se desarrolla naturalmente, resulta ser mucho más fuerte que las que se desarrollan bajo la presión sexual con sus percepciones irrealistas manejadas por hormonas o por necesidades personales.

Es por esta razón que debemos establecer límites claros y mantener los ojos bien abiertos cuando conocemos a alguien y deseamos comenzar una relación romántica con él/ella. Es difícil separar el corazón de la cabeza cuando nos enamoramos, pero el verdadero amor piensa.

Proverbios 4:23 dice “Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón; porque de él emana la vida.” Del corazón emana la vida por lo que debemos guardarlo como un soldado guarda el tesoro que le ha sido encomendado. Como guardas de este tesoro, procedemos con cautela y si este está bajo ataque, lo cubrimos pues tenemos que rendir cuentas al que nos lo ha encomendado.

¿Cómo enfrenta usted los conflictos?

“¿Cómo enfrenta usted los conflictos? ¿Los evita o se paraliza por estos? Sus emociones a veces pueden intensificarse y hacer que usted se comporte de manera irracional. Procure calmarse antes de actuar”.

Los conflictos que no se enfrentan correctamente terminan creando amargura. Algunas personas huyen del conflicto, rehusándose a enfrentarlo. Otros permiten que sus emociones se intensifiquen y se comportan de manera irracional. Las dos formas son incorrectas. Los problemas deben ser enfrentados racionalmente.  La Doctora Alicia La Hoz, en su libro Romance Perpetuo, nos da cinco recomendaciones como reglas de la comunicación que nos pueden ayudar a enfrentar los conflictos y resolverlos con éxito. Primero, ella dice que debemos perseverar y enfocarnos a exponer solo una queja. Cuando se está tratando un problema es sabio no traer otros asuntos a la conversación. Comenzar a nombrar todas las quejas que uno tiene sobre una persona quita el enfoque del problema presente y “ensucia las aguas”. Esto quiere decir que el problema ya no es el enfoque, sino la persona y al final no se resolverá nada.

Segundo, ella nos sugiere que hable por usted en el presente. Nunca se debe asumir lo que la otra persona está pensando o se debe hablar por el otro no importa cuánto crea que usted conozca a esa otra persona. Tercero, considere lo que la otra persona le está diciendo. Hay que tener cuidado de que no estamos tratando de forma obstinada de probar que tenemos la razón. Cuarto, regale el compromiso. Cuando uno gana la batalla el 100%, ha dejado a su paso a la persona que “perdió” maltratada y avergonzada. Esto no deja un buen resultado. Una persona nunca debe ser desvalorada de esa manera. Quinto, “para poder ganar, hay que perder.” La relación es más importante que el conflicto y uno debe tratar de enfrentar el conflicto sin destruir la relación.     

El Apóstol Pablo tiene una alta opinión sobre nuestra vocación y nos exhorta a que vivamos de una manera digna de la vocación con la que hemos sido llamados. Tenemos que andar de una forma digna aun cuando estamos en medio de un conflicto amargo. Resulta difícil no darse a los deseos de la carne cuando estamos siendo inundados por emociones intensas. Sabiendo esto, el apóstol nos dio las siguientes pautas: “con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos unos a otros en amor, esforzándoos por perseverar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Efesios 4:1-3)”. Memoricemos estos versículos y repitámoslos una y otra vez en nuestras mentes para que agrademos a Dios aun en medio de nuestras peleas o desacuerdos más intensos.

Si desea aprender más sobre cómo enfrentar los conflictos y las discusiones lea el tercer capítulo de Romance Perpetuo por la Doctora Alicia La Hoz.

Lo hecho, hecho está

“Cuando los hijos defraudan a los padres, la situación pueda dar un giro destructivo. Una conversación abierta le permitirá obtener los detalles necesarios para resolverla.”

La culpabilidad que sienten los padres modernos se hace muy evidente cuando los hijos defraudan a los padres. Los padres, de inmediato, asumen que fallaron en su crianza. Comienzan a cuestionar si han sido demasiado estrictos o demasiado permisivos. Este sentimiento de culpabilidad no es fructífero. Si no aprendemos a usarlo a nuestra ventaja, termina siendo un sentimiento destructivo para nosotros y para nuestros hijos.

Algunas veces tenemos que admitir: “Lo hecho, hecho está.” No estamos sugiriendo que los padres desarrollen una actitud indiferente hacia las acciones de sus hijos, pero sí sugerimos que tomen el sentimiento ingrato de culpabilidad y lo usen como un arma para reactivar la relación con los hijos. Podemos permitir que estos sentimientos de culpa actúen como la guía que nos ayuda a pedir perdón y ser sincero con nuestros hijos. La culpabilidad nos puede convertir en seres más sensibles y la sensibilidad abre la puerta a una relación que había sido cerrada anteriormente. Es esta sensibilidad lo que ahora puede ayudarnos a obtener los detalles de lo ocurrido en una atmósfera más liviana para resolverla.

Lo que estamos sugiriendo es contraproducente a lo que la mayoría de nosotros aprendimos de niños. Pues es muy posible que nuestros padres nos hayan cerrado la puerta cuando nosotros una vez los defraudamos. Pero cerrar la puerta solo confirma el sentimiento de culpabilidad que sentimos y no resuelve nada. Este es el momento crucial de dejar de hablar para comenzar a escuchar. Pero debemos convertirnos en personas que escuchan con humildad. Esta humildad que emana de la sensibilidad que hemos adquirido debido al enfoque correcto de nuestro sentido de culpabilidad, cautiva el corazón de nuestros hijos y conduce a una verdadera reconciliación.  

Todos somos culpables de hacer mal o de fallar una que otra vez, aunque nos esforzamos por hacer el bien. Pero la Biblia dice: “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1). Este verso es impactante porque sugiere que no importa cuáles sean nuestras imperfecciones, Dios no nos cierra la puerta o nos condena por ser imperfectos, él usa nuestra culpabilidad e imperfección para que haya reconciliación entre nosotros y Dios. Caminemos entonces en el Espíritu y busquemos ser la clase de padres que no cierran la puerta a sus hijos, sino que emulan la bondad del Padre Celestial extiendo justicia y misericordia sin importa cuáles sean sus infracciones.

El niño que más necesita amor es el más indeseable

“Imponga consecuencias firmes y razonables si sus hijos ocasionan un daño. Si la intención fue maliciosa o desafiante, procure explorar la raíz del desafío.”
Seguramente, ha escuchado el dicho de que “el niño que más necesita amor es el más indeseable.” Mientras más desafiante se pone un hijo; más amor, comprensión y firmeza necesita. La firmeza está relaciona a las consecuencias que usted imponga a sus hijos por los daños que haya ocasionado.
Desafortunadamente, un padre puede empeorar las cosas en una de dos maneras. Primeramente. con el estilo de su personalidad y segundo, con la estrategia que escoge cuando disciplina. Un padre, por ejemplo, con una personalidad controladora, le quita las opciones a sus hijos cuando comienza a ser demandas constantes de su tiempo y a “ladrar” órdenes quitándole así su independencia. Este tipo de crianza tan estricta hace que su hijo ejerza su deseo de independencia de forma negativa y comience a exhibir señales de rebelión. Por el otro lado, un padre permisivo puede darse, fácilmente, por vencido cuando su hijo se queja o resiste corrección. En este caso el hijo comienza a convertirse en un manipulador por excelencia. La buena noticia es que si el padre reconoce que su personalidad exhibe características de que es, excesivamente, estricto o, excesivamente, permisivo puede superarse si se esfuerza por el bien de los hijos.
La segunda forma de empeorar las cosas es cuando el padre escoge un tipo de disciplina que no es igual a la infracción que ha sido cometida. Por ejemplo, quitar a su hijo el privilegio de su teléfono por el fin de semana puede ser un castigo demasiado extremo si la infracción fue que se le olvidó colgar la toalla después del baño. Así que imponga consecuencias razonables cuando sus hijos ocasionan daño o exhiben comportamientos no deseables. Cuidándose de que lo que está haciendo lo está haciendo con amor, compresión y firmeza.
La raíz de la palabra disciplina es discipulado. La razón por la cual disciplinamos a nuestros hijos es porque deseamos que se conviertan en discípulos de Cristo: “El mandamiento es una lámpara, la enseñanza es una luz y la disciplina es el camino a la vida” (Proverbios 6:23). El que no disciplina con amor, comprensión y firmeza, no está haciendo discípulos. El que disciplina con ira y manipulación está contribuyendo así a la muerte espiritual de sus hijos. Así que discipline a sus hijos como nuestro Padre celestial nos disciplina a nosotros.

Respondiendo a los Hijos con Firmeza

“¿Cómo puede usted responder con amor cuando sus hijos lo decepcionan? No los proteja. Amarlos es dejarlos ser responsables.”

No es lo mismo responder que reaccionar. Muchas veces reaccionamos en vez de responder, pues asumimos que nuestros hijos son perfectos y nunca van a ir en contra de nuestra voluntad o instrucción. Otras veces hacemos lo opuesto y cuando el hijo se rebela o termina haciendo algo que va en contra de nuestros principios, después de reaccionar con enojo nos convertimos en apoyadores. Reaccionar con ira, gritos o enojo es una decisión emocional que no va acompañada de lógica, pero apoyar la falta sin corregir, o permitir que el hijo se atenga a las consecuencias de sus acciones es también un acto ilógico.

Es mejor responder; dar una respuesta o una solución con cordura, amor y firmeza para que haya una resolución. Cuando los hijos hacen cosas que nos decepcionan, nos sentimos obligados a reaccionar con gritos, amenazas e insultos. Todas estas reacciones emocionales terminan siendo absurdas al final, pues solo conducen a una rotura más grande de la relación entre padres e hijos. Si la situación es muy explosiva, puedes decir lo siguiente: “Lo que me estás diciendo es impactante; ahora mismo no sé qué decir o cómo reaccionar. Permite que piense las cosas por unas horas para que hablemos más adelante, calmadamente. ¿Te parece?” Usa las próximas horas para desintoxicarte de tu ira y regresar al lugar de cordura en el cual tu hijo necesita encontrarte. Responder con amor, gracia y firmeza es la tarea más difícil que tendrás como padre, pero al final, el resultado será más fructífero. Puedes por ejemplo decir, “He pensado bien las cosas y primero quiero que sepas cuánto te quiero y cuánto desearía que hayas tomado una decisión diferente. Pero lo hecho, hecho está. Ahora vamos a salir adelante y vamos a enfrentar las consecuencias de nuestras decisiones. Yo voy a estar aquí para darte apoyo mientras tú enfrentas esta situación precaria con toda la valentía que yo sé que tienes.”

Muchas veces olvidamos reaccionar medidamente delante de nuestros hijos. Pero la iglesia está compuesta de familias y usted es el jefe de su familia, por lo que es el pastor de las ovejitas que viven en su hogar. Su reacción, entonces, no debe ir acompañada de enojo o de apatía. Si no sabe cómo responder a sus hijos con firmeza y amor a la misma vez, pida a Dios que le de sabiduría y él se la dará abundantemente y sin reproche (Santiago 1:5). Aun si sus hijos no asisten a la iglesia con usted o se han desviado del camino, debe recordar que el amor es benigno (I Corintios. 13:4).

Amar y ser amado es un regalo

Amar y ser amado es un regalo. En el 2012 el censo descubrió que en América hay 7.8 millones de pareja que están viviendo en unión libre. Estas son casi ocho millones de parejas en cuyos hogares no existe confianza absoluta ya que la inseguridad plaga sus relaciones.

¿Para qué convivir si el matrimonio es una de los regalos más sublimes que Dios ha dado a los humanos en esta tierra? El que aprende a ver el matrimonio como algo que va más allá  de un arreglo sociológico encuentra que este  es la agencia divina que hemos recibido para expresar el amor y la confianza en toda su gloria.

Es por eso que el Papa Francis cuando fue elegido pontífice oficio matrimonio  a 20 parejas italianas en el Vaticano. Entre ellas había varias con hijos en las que la novia y el novio estaban cohabitando. El papa dijo que “el matrimonio es vida, vida genuina. No es ficción.” El papa y muchos otros líderes religiosos entienden que el éxito de toda buena sociedad va guardado en las alas del matrimonio y este es un mensaje que nunca debemos dejar de pronunciar seamos religiosos o no. Mike Mason en su libro El Misterio del Matrimonio define el matrimonio como “la contemplación del amor de Dios por medio de otro ser humano.” El que se casa puede decir que ha fijado su mirada directamente en los ojos del amor y percibido su calor. Pues este solo se puede sentir cuando se está dispuesto a lanzarse a una aventura donde permanecerán juntos para bien o para mal aun cuando no tengan nada en común entre los dos. Los votos matrimoniales son suficiente para ayudarnos a llevar las cargas de la vida. Estos dan la fuerza necesaria para enfrentar los eventos más felices e infelices de la vida con toda valentía.

Mejor comience con los dos pies dentro de la relación y funde su romance bajo el cimiento de la confianza. Esto traerá vida no solo a la pareja sino también a los hijos que entre los dos comparten.

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