Padres que Facilitan las Adicciones de Menores

Aproximadamente, 1.3 millones de menores, entre las edades de 13 a 17 años, son adictos a alguna substancia ilegal y solamente unos 150,000 reciben la ayuda necesaria para luchar en contra de su adicción. Este problema se extiende una vez estos jóvenes se convierten en adultos, por lo que un 10% de personas de 12 años en adelante son adictos a alguna droga. Esto es, en su totalidad, unos 23.5 millones de personas en los Estados Unidos. El trabajo de los padres debe ser el de ayudar a los hijos a escapar estas cifras deprimentes, no facilitar.

El Centro de OceanFront Recovery da las siguientes sugerencias para que los padres no se involucren en comportamientos que facilitan la drogadicción de sus hijos:

  1. No ignores el comportamiento arriesgado que tus hijos exhiben.
  2. Si tus hijos son mayores de edad, no los dejes vivir en tu casa sin tener que pagar renta.
  3. Si sospechas que tu hijo está consumiendo drogas, asegúrate de que hayas delineado las consecuencias y que estas les queden bien claras.
  4. Si tus hijos luchan con las drogas, no los dejes solos en la casa.
  5. No lleves a tus hijos y a sus amigos a fiestas u otros lugares cuestionables.
  6. No mientas para cubrir a tus hijos.
  7. Si sabes que tu hijo ha consumido alcohol o droga no lo niegues.
  8. No cubras sus errores o problemas.
  9. No ofrezcan un exceso de confianza inmerecida.
  10. No tengas miedo de ser estricto, si es necesario.
  11. No ignores las señales o rehúses hablar de ella.
  12. No culpes a otros por la adicción.
  13. No des dinero a tus hijos para cubrir sus deudas.
  14. No pagues sus multas o fianzas para que salgan de la cárcel.
  15. No limpies el desastre que dejan.
  16. No trates de convencer a sus parejas que se queden con ellos.

Ten presente que tus hijos adictos pueden convertir ese amor que tienes por ellos en miedo para controlarte. Se fuerte con ellos y busca ayuda profesional, si es necesario.

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Cuando tus Hijos están Fueras de Sí

Vivo en la Florida, donde la temporada de huracán dura desde el primero de junio hasta noviembre 30. Para sobrevivir estos seis meses todo hogar debe tener un plan de contingencia: ¿Qué vamos a hacer en caso de un huracán? ¿Dónde vamos a ir si la tormenta es categoría 4 o 5? ¿Cuáles son los materiales necesarios para quedarse en casa (agua, velas, medicina, baterías, botellas de agua, agua para los baños, generadores, etc.) ¿Cuándo se van a poner las contraventanas? Si es necesario evacuar, ¿qué necesita cada miembro de la familia llevar consigo? ¿Qué vamos a hacer con nuestra mascota? etc. Es necesario planear cómo mantener a la familia segura y cómo minimizar daño a la casa, a las posesiones, etc.

Imagínate la relación entre adolescentes y sus padres como una temporada de tormenta y para esta temporada los adultos deben estar bien preparados con un plan claro de contingencia, a mano, ya que puede que entren en una etapa de inseguridad que va a remover hasta los mismos cimientos de su relación. Peleas y conflictos surgen que nunca habían ocurrido antes, falta de comunicación y desvíos en la forma en la que con tanto trabajo crió al que ahora es su adolescente.

Existen varios factores que determinan la intensidad de la tormenta que se aproxima entre padres e hijos adolescentes (especialmente, entre madres e hijas como vimos en la actuación entre Mari y Shakira).  Entre ellas está el temperamento de los dos: si los dos son volátiles está claro que las peleas serán más intensas que si uno de los dos o los dos son personas mas calmadas. Segundo, ¿cuáles son las situaciones externas que causan estrés? (piensa en la estabilidad de la relación entre los padres del adolescente; la situación financiera del hogar y el estrés que este pueda estar causando en la familia; las calificaciones del hijo o hija o alguna enfermedad en la familia, etc.). Tercero, existen límites firmes entre padres e hijos (¿sabe cada uno cuál es su lugar y se respetan el uno al otro?). Cuarto, ¿existe algo en la familia de origen de los padres que esté sirviendo de detonante?, como la pérdida de un padre o una experiencia traumática en la vida del adulto.

Debido a que muchos factores vienen a colación durante este periodo de incertidumbre, es mejor que cuando estemos en un estado de alta sensibilidad emocional sigamos protocolos, como esos que seguimos en caso de tormenta. Los policías, bomberos y pilotos también siguen protocolo en caso de emergencia en vez de dejarse llevar por sus emociones.  Por lo que, cuando tus hijos exhiben un nivel alto emocional en vez de seguir la emoción, es más apto seguir el protocolo que tienes preparado para cuando ciertas cosas ocurren. Si no tienes uno y eres padre de adolescentes, es hora de que lo hagas. Vale la pena pasar unas horas con tu pareja haciendo un plan para cuando tus hijos hagan cosas inexplicables que luego actuar alarmados cuando la emergencia ocurra.

Nuestros hijos responden con mucha más positividad a nuestros pedidos cuando no estamos siendo reactivos. Peleando sobre el estilo de pelo es contraproducente. Cuando tus hijos estén fuera de sí, hazte las siguientes preguntas: ¿Es malo para su salud? ¿Va a afectar sus calificaciones? ¿Va a destruir o afectar su futuro? Si tu respuesta es no a estas tres preguntas, lo mejor es dejar de pelear o argumentar sobre el asunto y seguir calmadamente el protocolo que de antemano ya haz planeado.

Me Debe Importar lo que Mis Padres Piensan de mi Novio/a

¿Te imaginas si te sientas con tus padres un día y les preguntas, sinceramente, si están de acuerdo con tu relación romántica? ¿Si les cae bien o no tu novio/a?  ¿Y le das seguimiento a la pregunta, con un por qué o por qué no?  ¿Y lo haces determinado a que no importa lo que te digan, no vas a tomar las cosas a pecho o te vas a poner a la defensiva? ¿Y te prometes a ti mismo aceptar sus respuestas con respeto y, por lo menos, considerar sus opiniones?

Cuando nuestros padres no están de acuerdo con nuestra relación, de inmediato pensamos que son ignorantes o estúpidos o anticuados. Pero el hecho de que no estés de acuerdo con tus padres no significa que ellos sean ignorantes. Si bien es cierto que nuestros padres no son perfectos, tienen muchos años de experiencia y vivencias que nosotros no tenemos. Debido a que tienen la ventaja de lo que es la perspectiva puede que estén viendo algo que tú no ves. Los padres, aunque a veces son sobre protectores, muchas veces tienen razones válidas al preocuparse cuando nos ven formar parte de una relación con el potencial de tener consecuencias negativas.

Es cierto que los padres, a veces, tienen expectativas muy altas, pero si somos honestos podemos, al menos, admitir que nosotros a veces tenemos expectativas muy bajas. Aun así, la mayoría de los padres solo desean que sus hijos estén con alguien que los trate con respeto y que trate con responsabilidad sus tareas diarias.

Honrar a los padres puede ser una bendición para la relación. Los que ya no somos niños tenemos la tendencia de ignorar, tolerar, criticar y resistir a nuestros padres por lo que la actitud positiva de sentarse con ellos en busca de una conversación honesta sobre nuestras decisiones románticas puede traer ligereza a tu espíritu y alivio en momentos de estrés cuando más lo necesitas.

Si consideras a tus padres ser personas equilibradas y racionales, trátalo y cuéntanos tu experiencia.

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La Derrota es Temporal, pero El Impacto Futuro es Seguro

La escena de estos dos jovencitos haciendo y deshaciendo a las espaldas de sus padres es común y es una que todos conocemos bien y hasta hemos vivido en carne propia.  Estos dos jovencitos se caracterizan por la forma explícita en la que se burlan de las reglas impuestas sobre ellos por la sociedad o la autoridad sobre sus vidas. Pero a pesar de lo que su adolescente le tenga creyendo y aunque sus acciones sean opuestas a sus convicciones, su opinión sí les importa a sus hijos. Su nivel de apoyo e involucramiento es esencial para la salud y el bienestar de su adolescente. Aunque su actitud parezca desinteresada, éste sí te busca cuando desea aprobación, guía y ánimo.

Sabemos que, durante su adolescencia, las hormonas surgen por el cuerpo del adolescente causando emociones que se hacen sentir gigantes y ofuscan su visión. Para empeorar las cosas, ellos piensan que nadie, excepto sus compañeros, los entienden. Como resultado de esta ansiedad, cuando los adolescentes se sienten mal entendidos por sus padres, tienen mayor tendencia a afirmar su autoridad con agresión y rebelión. En realidad, lo que están deseando es ser tomados en cuenta.

En esta etapa de su hijo/a, adolescencia, no son como los niños pequeños, egoístas, en su forma de pensar, sino que son capaces de pensar de forma compleja. Los padres pueden sentirse seguros de que, aunque existen desacuerdos entre ellos, sus adolescentes, pueden responder al razonamiento lógico. Y nosotros podemos invitarlos a fortalecer su capacidad de razonar.

Si ves a tu adolescente haciendo y deshaciendo a tus espaldas, no te desanimes o te des por vencida. Sigue tu lucha de ser honesto con ellos, manteniendo siempre abierta las líneas de comunicación, razonando con ellos, estando presente en su vida y dándoles la dirección necesaria. Al final, sus palabras tienen un gran impacto y su vida en el futuro será más saludable y feliz que si se deja vencer por su rebelión temporal. La derrota es temporal, pero el impacto futuro es seguro.

Estableciendo Metas

“Felipe tiene un plan fijo para su vida el cual le ayuda a seguir un orden de prioridades. Si los jóvenes fijan un plan al igual que Felipe tendrán mayor salud, bienestar familiar y estabilidad financiera. Apoyemos a nuestros hijos a buscar un rumbo y propósito para su vida.”

Lo que un padre no desea es que sus hijos, a pesar de tener gran potencial de éxito, se queden “atascados” en el limbo de la adolescencia cuando se gradúen de la escuela superior. Por eso, desde pequeños es bueno enseñarles cómo las metas les pueden ayudar a moverse hacia adelante.   Podemos enseñar a nuestros hijos a establecer metas que los ayuden a enfocarse en su futuro siendo nosotros mismos ejemplos de personas que tienen y siguen sus metas. Motivar a tu hijo no significa que vas a fastidiar, persuadir, empujar, rogar, gritar o pelear para que haga lo correcto. Esto solo causa resistencia. Enséñale mejor a motivarse a sí mismo siendo tú una persona inspiradora.

Desde pequeña yo sabía que quería ir a la Universidad, graduarme con honores, enseñar por varios años, comenzar a escribir e implementar currículo y entrenar a otros a invertir sus vidas en el futuro.  Mi madre siempre ha sido mi más grande alentadora y seguidora. Ella me enseñó que las metas nos dan límites mentales y la motivación necesaria para continuar el camino trazado, aunque el camino se ponga cuesta arriba. Esta perseverancia es lo que da paso al éxito. Así que tú también apoya a tus hijos a buscar rumbo y propósito para su vida ayudándolos a delinear lo que ellos desean hacer con su futuro y animándolos a moverse en la dirección correcta, dándoles siempre un buen ejemplo.

Las palabras de Dios a Judá por medio del profeta Jeremías son especialmente aptas para esta ocasión: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes- afirma el Señor- planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11). Este versículo no es una fórmula de prosperidad personal para que alcancemos nuestras metas egoístas. Es una declaración de parte del Dios Todopoderoso de que fuimos creados para Su gloria y que él dirigirá nuestros pasos para que Su voluntad sea hecha en nuestras vidas. Diga estas palabras a sus hijos y recuérdeles desde pequeños que él tiene una esperanza y un futuro para ellos.

 

Los padres proveen a sus hijas beneficios únicos con su presencia activa.

“Estudios demuestran que una joven que tiene una relación positiva con su padre, tendrá menos posibilidades de embarazarse en su adolescencia y más posibilidades de casarse después de alcanzar sus metas educacionales.”

Un estudio realizado en la Universidad de Canterbury demostró que los padres proveen a sus hijas beneficios únicos con su presencia activa y positiva desde su nacimiento hasta que son adultas. La mayoría de los padres desconocen la importancia de su rol y los resultados de estudios como estos y terminan pasando mucho más tiempo con sus hijos que con sus hijas, especialmente, cuando sus hijas comienzan a convertirse en pre-adolescentes y adolescentes.

Pero es importante saber que el padre es el primer objeto de amor del sexo opuesto de su hija y este molda, consciente o inconscientemente, su percepción de lo que es aceptable o no en una relación. Además, el involucramiento directo de un padre en la vida de su hija la va a ayudar a minimizar sus inseguridades y aumentar su confianza en sus habilidades.

Nunca es tarde no importa la etapa en la que tu hija se encuentra para hacerte parte de su vida. He aquí algunas sugerencias que te pueden ser de beneficio.

  1. Busca reanudar una comunicación con tu hija
  2. Trata de afirmar sus decisiones mostrando apoyo en vez de criticar excesivamente
  3. Pide perdón si es necesario ya que esto muestra respeto y amor, pero también ayuda a sanar cualquier herida que haya sido causada entre los dos.
  4. Disfruta su compañía, aprecia quien es. Recuerda, ella nunca va a ser o actuar como tu hijo varón.

El amor piensa.

“Una estrategia inteligente de amar toma su tiempo. Primero existe la atracción con límites de intimidad; luego viene la etapa de conocerse mejor y tomar decisiones. Aproveche la oportunidad ahora de hablar a sus hijos sobre estas etapas.”

Al principio en una relación entre adolescentes, uno de los dos va a ser presionado por el otro para progresar rápidamente en la relación y hasta iniciar una intimidad sexual sin primero pensar.  Es bueno hablar con nuestros hijos aun cuando todavía no han iniciado la adolescencia y explicarles la importancia de la progresión saludable y natural en una relación. Debemos también enfatizar que el amor piensa.  

Las relaciones de adolescentes muchas veces van motivadas por percepciones irrealistas, hormonas y necesidades personales. A ninguna de estas tres cosas le gusta armonizar con el cerebro. Sin embargo, cuando las motivaciones no van acompañadas de un poco de cordura y materia gris, terminan desilusionando y confundiendo. Enseña a tu hijo que las mejores relaciones se desarrollan con el tiempo porque es el tiempo lo que permite que dos individuos se conozcan en diferentes dimensiones y situaciones. La mayoría de los atributos negativos de una persona no se hacen evidentes hasta después de 9 o 10 meses de comenzar a conocerse. Mientras mejor se conocen, mejor posibilidad tiene la relación de perdurar.

Para no terminar lamentando una decisión inmadura, enseña a tus hijos a delinear límites claros que separen sus comportamientos y sus emociones.

De por sí somos sordos y ciegos. No podemos ver, y a veces, simplemente, nos rehusamos a ver lo que está en nuestras narices. San Pablo dijo: “teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente” (Efesios 4:18). Es solamente el poder transformador del evangelio que puede abrir nuestros ojos y activar nuestro cerebro a pensar con claridad. No se canse de orar para que Dios transforme su mente y la de sus hijos y abra los ojos de su entendimiento en todas las áreas de su vida (Efesios 1:18).

Es importante actuar honradamente.

 

“Porque yo digo y punto no es la respuesta ideal cuando usted desea que sus hijos se aparten de relaciones que podrían ser problemáticas. Tomar tiempo y explicar las razones para que no se involucren, es algo que ellos aprecian.”

Una vez mencioné a una amiga cuánto admiraba a sus hijos y la forma en la que se trataban el uno al otro en su familia. Ella me confesó que la clave era enseñar honor a los hijos desde muy pequeños. Mi amiga inculco en la mente de sus hijos que las familias están compuestas de personas imperfectas y que casi todos tienen la tendencia de tomar decisiones egoístas. Pero antes de tomar esa postura egoísta pensarán en dar honor al otro.  El honor piensa en lo que agrada a la otra persona y da más de lo que se espera. Es poner la necesidad del otro sobre la tuya. Ella aun así me advertía que la disciplina es importante y toma esfuerzo y trabajo, pero cuando nos enfocamos en desarrollar honor las peleas se hacen menos estresantes.

Cuando un hijo quiere tomar su propio camino, en vez de gritar “porque yo digo y punto,” sería más conveniente hablar sobre la mejor forma de rendirse honor a sí mismo, a los padres y a la otra persona que pueda verse envuelta en esta situación.  Debemos tener cuidado de que en el calor del momento no tomemos decisiones que nos traigan deshonra a nosotros mismos y a los demás. Este tipo de decisión hiere nuestra dignidad bajando nuestra estima. La razón es, usualmente, porque esta deshonra propia va acompañada con una deshonra a los padres y a los demás y somos una unidad. Un individuo no es una isla en sí mismo. En una familia somos interdependientes el uno del otro y lo que hacemos tiene consecuencias para nuestra comunidad familiar. Por eso el apóstol escribió: “amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, refiriéndonos los unos a los otros” (Romanos 12:10).

Escoge Bien.

Aproveche los problemas como una oportunidad para enseñar y hablarle a los hijos sobre cómo reducir los riegos de tomar malas decisiones románticas y de la estrategia inteligente del amor.”

Durante los dos años que trabajé como maestra de un prescolar, me acostumbré a decir una y otra vez, “¡Escoge bien!”. Siempre daba opciones a los niños para que escogieran entre merienda, juegos, actividades, amigos y hasta comportamiento. Ellos sabían que una vez escogían una merienda o un amigo para hacer un proyecto no había forma de volverse para atrás y cambiar de parecer. Se lo decía también cuando se peleaban entre sí, porque si yo los tenía que separar porque uno empujó al otro, etc., entonces iban a tener que hacer sus proyectos solos (una tortura para un niño de 3 o 4 años).  Por eso siempre les decía: “¡Escoge bien!”

Estas mismas palabras se las repito a mis tres hijos que hace tiempo dejaron atrás su etapa prescolar. Porque durante toda la vida tenemos que tomar decisiones comenzando con lo que vamos a comer, si nos vamos a ejercitar, si vamos o no a seguir las sugerencias de amigos insensatos, si vamos a gastar nuestro dinero en ‘chucherías’ o lo vamos a ahorrar para algo especial, si vamos a hacer la tarea con ahínco para sacar buenas calificaciones o vamos a actuar con negligencia y la lista continúa…

En la vida tenemos que tomar muchas decisiones y mientras más decisiones inteligentes tomamos más felices somos. Si estamos acostumbrados a tomar decisiones inteligentes cuando tengamos que escoger entre una encrucijada romántica estaremos más aptos a formular una estrategia inteligente. Esto no es una garantía, pero sí es una buena guía para seguir.

Jesús nos advirtió en el Sermón del Monte cuán difícil escoger bien puede ser para un cristiano cuando dijo: “entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida; y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13-14). El camino estrecho no es muy popular, pero al final lleva a la vida. Enseñemos a nuestros hijos a escoger bien para que cuando sean adultos no se empeñen en entrar por la puerta ancha.

Es raro el joven que no se obsesiona.

“Si sus hijos se obsesionan con alguien o algo, explore la raíz que los impulsa a pensar tanto en eso. Una obsesión romántica puede cegarlos. Ayúdelos a encontrar y cultivar sus propios intereses, con los que puedan mantener sus mentes ocupadas.”

Es raro el joven que no se obsesiona. Casi todos los padres durante una temporada u otra terminan viendo a sus hijos obsesionándose por algo o por alguien. La obsesión puede ser inofensiva o extrema. Si ves que tu hijo ha desarrollado una obsesión no saludable asegúrate de hablarle sobre la diferencia entre la obsesión y el amor. Entre los puntos más importantes que debes enfatizar es cómo tanto el amor como la obsesión resultan ser emociones muy poderosas y por ello hay que tener cuidado en cuando y como se procede.

El problema es que los programas de televisión, las telenovelas y las revistas muestran incorrectamente a nuestros jóvenes que los síntomas de la obsesión son amor. Esto no es así y nosotros los padres somos los que tenemos que corregir esta mala información diseminada por los medios.  

El amor te permite ser genuino/a, pero la obsesión te hace ver perfecto/a. Nadie es perfecto y actuar de esta manera delante de alguien puede convertirse en algo agotador. El amor acepta las faltas de la otra persona sin permitir que estas faltas lastimen su persona. Mientras que la obsesión esconde las faltas de la otra persona aun cuando estas faltas son de detrimento para la relación. El amor es más que una atracción física, pero la obsesión usualmente es solamente una atracción física. El amor genera energía, pero la obsesión agota. El amor te hace feliz, pero la obsesión te trae celos. Puedes decir a tu hijo/a que en su obsesión es sabio darle tiempo al tiempo para así saber si lo que sienten es amor o una dañina obsesión.

Cuando los hijos desarrollan otros intereses pueden sentirse calmados en vez de agitados mientras descubren e interpretan sus sentimientos. Es importante que descubran los deportes, la fotografía, el arte, la música, etc. para así contrarrestar la agitación que trae una obsesión. Recuerde lo que dice el proverbio: “El alma del perezoso desea y nada alcanza; mas el alma de los diligentes es prosperada” (Proverbios 13:4).

Los hijos vienen con el conocimiento innato de cómo manipular a sus padres.

“¿Le han engañado sus hijos? Ellos conocen muy bien cuál es su debilidad y saben apelar a esto cuando gustan conseguir un capricho personal. Procure cultivar su sueño solo cuando usted este seguro de su motivación.”

Los hijos vienen con el conocimiento innato de cómo manipular a sus padres. Puede estar seguro que de que su hijo sabe lo tiene que hacer para que lo deje en paz o para obtener lo que quiere.

Cierto encanto de parte de sus hijos para salirse con la suya es inofensivo. Pero otras veces no es apropiado. Como cuando su hijo ha demostrado debilidad de carácter en el pasado y ahora quiere hacer algo que le ha prohibido hacer debido a su actitud en una situación similar pasada. O cuando su hijo o hija trata de crear disensión entre tu esposo/a y tú para salirse con la suya.

Un padre debe estar alerta a estos comportamientos porque estos encantos se convierten en manipulación y esta manipulación se convierte en un juego de control. En esencia, su hijo está diciendo que si no haces lo que él dice vas a tener que enfrentarte a su mal comportamiento.

En esta situación el hijo tratará de gritar o intimidar a su padre o madre cuando responde. El padre en vez de gritar y convertir la situación en una pelea sobre quién puede gritar más debe nombrar el problema directamente y con voz calmada decir simplemente: “Me estás tratando de intimidar con ese tono de voz. Este asunto no lo podemos discutir hasta que te calmes.” No diga nada más. Más adelante vuelva a expresar sus deseos sin dar a su hijo la impresión de que está buscando su opinión.

Cuando mis hijos eran pequeñitos y buscaban manipular o buscaban salirse con la suya a toda costa, yo los sentaba en mi falda y les decía que un día no muy lejano cuando cumplieran sus 21 años de edad iban a tener toda una vida para hacer lo que ellos quisieran y que ya yo no podía intervenir. Terminaba esta conversación diciéndoles, “¿No te parece que el día que cumplas 21 años va a ser un día muy divertido?” Por algún motivo inexplicable, esta conversación siempre disminuía el espíritu de rebelión que al momento tenían.

Dios, al hijo que ama disciplina. La razón es que las correcciones de la disciplina son camino de vida y Dios desea que tengamos una buena vida (“y en abundancia”). Por este mismo motivo debemos nosotros también disciplinar a nuestros hijos. El proverbio dice: “Porque el mandamiento es lámpara y la enseñanza es luz y el camino de vida las reprensiones que te instruyen” (Proverbio 6:23). Así que no te desanimes pues estás haciendo un bien a tus hijos cuando te concentras en una disciplina sabia (no airada) que busca hacer de tus hijos discípulos de Cristo. No te olvides que tu hogar debe ser un centro de discipulado.

Diferentes Personalidades, pero Unidos en Propósito

“Las parejas exitosas tienen algunas cosas en común, pero también algunas diferencias de personalidad, trasfondo y estilo de vida. Busque en su pareja idónea una persona cuyas diferencias pueden ayudarle a ser mejor persona, quien comparta sus valores y metas de vida, y que sea compatible.”

Los conflictos causados por la diferencia entre una pareja pueden estimular el desarrollo de la unidad o llevar al aislamiento. La clave es admitir que no existe competencia entre los dos, sino que se buscan complementar para completar. Buscar armonía en la diferencia requiere un espíritu enseñable.

El Dr. Van Epp en una de sus conferencias explica como la meta de una pareja es unirse para juntos ser más de lo que se puede ser separado. Él dice que la razón por la cual existen diferencias entre los dos en la pareja es para que se beneficien el uno del otro, no para competir o trabajar en contra del otro ya que las áreas fuertes de nuestra pareja sirven para complementar nuestras debilidades.

No importa cuán grandes sean las diferencias entre usted y su pareja en el área de la personalidad, el trasfondo y estilo de vida, lo más importante es estar unidos en propósito. El propósito de un matrimonio cristiano debe estar centrado en La Gran Comisión. Esta unión no debe, únicamente, ir en busca de placeres egoístas, sino en el engrandecimiento del evangelio de Cristo. Si al final de la carrera, nuestro matrimonio sirvió para glorificar a Dios habremos de recibir la recompensa.

Muchas chicas piensan que un hijo puede salvar una relación.

“Los bebes nos llenan de alegría y gozo. ¿Será por ello el mito de que en ellos encontraremos la salvación para alcanzar una reconciliación entre pareja o llenar un vacío personal? La verdad es que los niños son más felices al nacer en hogares establecidos.”

Muchas chicas piensan que un hijo puede salvar una relación que va decayendo o que puede llenar un vacío personal. Esto es un mito, pues las estadísticas muestran que la mayoría de estos padres se desaparecen de sus vidas y estos niños terminan creciendo sin padre. Cada año un millón más de niños nacen en familias sin padres. Estadísticamente, los hombres jóvenes tienden a estar menos envueltos con sus hijos. Es importante tener en cuenta que el apoyo de la pareja cuando se está criando a un hijo es un elemento esencial para la felicidad.
Además de no tener padre, los hijos nacidos en estas circunstancias también terminarán siendo víctimas de un elenco rotativo de cuidadores de niños. Desafortunadamente, los efectos colaterales emocionales, sociales y financieros asociados con la inestabilidad de la familia y los padres solteros, son profundos.

Como padres debemos hablar con nuestros hijos y destruir estos conceptos místicos que están llenando sus cabezas contrarrestando esos pensamientos con la verdad que nos muestran las ciencias sociales de que el mejor contexto para un hijo es nacer en una familia donde existe el compromiso del matrimonio.
La Biblia dice que, “Dios creó al hombre a su imagen, a imagen de Dios lo creó; varón y hembra los creó (Génesis 1:27). En el contexto de la familia, los dos son necesarios si vamos a hacer nuestro hogar un centro de discipulado. Es el conjunto de la madre y el padre lo que muestra a los hijos la naturaleza completa de Dios. Donde uno falla, el otro se levanta y viceversa. Entre los dos se complementan y no permiten que en el hogar falte la ternura, la protección, las carcajadas, la firmeza y la lista continúa. Un género tiene características que al otro le falta y Dios lo quiso así para que hubiese interdependencia mutua entre padre y madre. Cuando las cosas las hacemos como Dios las diseñó, existe mucha más posibilidad de éxito, aunque la realidad presente nos engaña. No confíes en tus circunstancias o trates de manipular a alguien, esta no es la voluntad soberana de Dios para tus hijos futuros.

Todo abandono sabe a traición.

“Desarrolle una relación positiva con sus hijos. Hable, juegue, ría y llore con ellos. En momentos difíciles, tendrán la confianza de hablar honestamente con usted, en vez de ocultar la verdad o mentirle.”

La presencia emocional de los padres en la vida de sus hijos crea cimientos fuertes para su desarrollo social. Estudios han demostrado que cuando un padre desarrolla una conexión emocional con sus hijos y les muestra amor incondicional le está haciendo bien a sus hijos, pero también se está haciendo bien a sí mismo. De manera que todos ganamos cuando caminamos con nuestros hijos guiándolos para facilitar sus ansiedades y responder a sus preguntas.

Durante el tiempo que pasamos juntos con nuestros hijos podemos infundirlos con propósito, ayudarlos a identificar las áreas fuertes de su personalidad y darles esa interacción positiva que han estado buscando durante todo el día. Ellos necesitan saber que los amemos y que nos importan. Muchos padres no hablan con sus hijos porque no saben qué decirles o cuando tratan de darles consejos, ellos responden de forma negativa. Pero esto es un error, todo lo que un padre o una madre necesitan hacer es escuchar tranquilamente. Su presencia es suficiente. A pesar de todo el consejo que podemos dar, nuestra presencia hace que nuestros hijos se sientan conectados. Si no estás físicamente presente se van a sentir abandonados. Todo abandono sabe a traición. Nuestros hijos pueden lidiar con su estrés cuando no se sienten abandonados.

Los padres pueden crear una coraza alrededor de sus hijos cuando les dejan saber que están allí para ellos.  Nuestro Padre Celestial siempre está con nosotros: “Jehová está conmigo; no temeré lo que me pueda hacer el hombre” (Salmo 118:6). Su presencia es nuestro consuelo, no importa cuán desalentadoras sean las circunstancias. Existen cristianos alrededor de todo el mundo que aunque estén atrapados en una prisión o un calabozo nunca dejan de glorificar a Dios y esto es simplemente porque la presencia de Dios es suficiente.

 

Vivimos en un mundo imperfecto e injusto.

“Sea compresivo, tenga compasión, sea bondadoso, sea humilde. Reconozca sus errores y hágase responsables por la consecuencia de estos.”

Cuando yo era niña, mi familia estaba lista para sentarse a la mesa a comer una sopa caliente, nutritiva y deliciosa que mi madre había preparado un día lluvioso. Una de mis hermanas se sirvió la sopa y decidió que era una buena idea usar la silla de mesa. Ella puso su plato sobre la silla y estaba escondida debajo de la mesa comiendo su sopa. Mientras ella y yo nos reíamos de la situación, mi hermana mayor no viendo a una persona en la silla se sentó en ella sin darse cuenta que aunque nadie estaba sentado en esa silla, allí había un plato de sopa caliente. Como podrás imaginar, inmediatamente después de sentarse se levantó gritando pues se quemó al sentarse y la sopa en la silla terminó esparcida por todo el piso. La conmoción perturbó a mi padre quien, inmediatamente, sin entender lo ocurrido envió a mi hermana mayor (la que se había quemado con la sopa) a su cuarto. La pobrecita, sintió la fuerza de la injusticia de la vida caer fuerte sobre sus hombros en ese momento. No fue su culpa que ella se haya sentado en una silla donde había una sopa caliente. Después de que las cosas se calmaron y mi padre pudo re-examinar lo sucedido se sintió tan mal de haber castigado a la persona inocente. El reconoció su error y fue al cuarto de mi hermana mayor inmediatamente. Con lágrimas en sus ojos le pidió perdón y le ofreció el cuidado necesario.

Vivimos en un mundo imperfecto e injusto. Lo importante no es arreglar el mundo para que sea justo, sino ajustar nuestras actitudes para cuando actuamos injustamente podamos reconocer nuestros errores y actuar con humildad para corregirlos.  

Jesús sabía que en este mundo nunca iríamos a alcanzar justicia perfecta por lo que nos advierte: “En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Ten cuidado de que tú no seas el que esté imponiendo aflicción en los demás. Busquemos discernimiento para saber la diferencia.