Me Debe Importar lo que Mis Padres Piensan de mi Novio/a

¿Te imaginas si te sientas con tus padres un día y les preguntas, sinceramente, si están de acuerdo con tu relación romántica? ¿Si les cae bien o no tu novio/a?  ¿Y le das seguimiento a la pregunta, con un por qué o por qué no?  ¿Y lo haces determinado a que no importa lo que te digan, no vas a tomar las cosas a pecho o te vas a poner a la defensiva? ¿Y te prometes a ti mismo aceptar sus respuestas con respeto y, por lo menos, considerar sus opiniones?

Cuando nuestros padres no están de acuerdo con nuestra relación, de inmediato pensamos que son ignorantes o estúpidos o anticuados. Pero el hecho de que no estés de acuerdo con tus padres no significa que ellos sean ignorantes. Si bien es cierto que nuestros padres no son perfectos, tienen muchos años de experiencia y vivencias que nosotros no tenemos. Debido a que tienen la ventaja de lo que es la perspectiva puede que estén viendo algo que tú no ves. Los padres, aunque a veces son sobre protectores, muchas veces tienen razones válidas al preocuparse cuando nos ven formar parte de una relación con el potencial de tener consecuencias negativas.

Es cierto que los padres, a veces, tienen expectativas muy altas, pero si somos honestos podemos, al menos, admitir que nosotros a veces tenemos expectativas muy bajas. Aun así, la mayoría de los padres solo desean que sus hijos estén con alguien que los trate con respeto y que trate con responsabilidad sus tareas diarias.

Honrar a los padres puede ser una bendición para la relación. Los que ya no somos niños tenemos la tendencia de ignorar, tolerar, criticar y resistir a nuestros padres por lo que la actitud positiva de sentarse con ellos en busca de una conversación honesta sobre nuestras decisiones románticas puede traer ligereza a tu espíritu y alivio en momentos de estrés cuando más lo necesitas.

Si consideras a tus padres ser personas equilibradas y racionales, trátalo y cuéntanos tu experiencia.

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La Derrota es Temporal, pero El Impacto Futuro es Seguro

La escena de estos dos jovencitos haciendo y deshaciendo a las espaldas de sus padres es común y es una que todos conocemos bien y hasta hemos vivido en carne propia.  Estos dos jovencitos se caracterizan por la forma explícita en la que se burlan de las reglas impuestas sobre ellos por la sociedad o la autoridad sobre sus vidas. Pero a pesar de lo que su adolescente le tenga creyendo y aunque sus acciones sean opuestas a sus convicciones, su opinión sí les importa a sus hijos. Su nivel de apoyo e involucramiento es esencial para la salud y el bienestar de su adolescente. Aunque su actitud parezca desinteresada, éste sí te busca cuando desea aprobación, guía y ánimo.

Sabemos que, durante su adolescencia, las hormonas surgen por el cuerpo del adolescente causando emociones que se hacen sentir gigantes y ofuscan su visión. Para empeorar las cosas, ellos piensan que nadie, excepto sus compañeros, los entienden. Como resultado de esta ansiedad, cuando los adolescentes se sienten mal entendidos por sus padres, tienen mayor tendencia a afirmar su autoridad con agresión y rebelión. En realidad, lo que están deseando es ser tomados en cuenta.

En esta etapa de su hijo/a, adolescencia, no son como los niños pequeños, egoístas, en su forma de pensar, sino que son capaces de pensar de forma compleja. Los padres pueden sentirse seguros de que, aunque existen desacuerdos entre ellos, sus adolescentes, pueden responder al razonamiento lógico. Y nosotros podemos invitarlos a fortalecer su capacidad de razonar.

Si ves a tu adolescente haciendo y deshaciendo a tus espaldas, no te desanimes o te des por vencida. Sigue tu lucha de ser honesto con ellos, manteniendo siempre abierta las líneas de comunicación, razonando con ellos, estando presente en su vida y dándoles la dirección necesaria. Al final, sus palabras tienen un gran impacto y su vida en el futuro será más saludable y feliz que si se deja vencer por su rebelión temporal. La derrota es temporal, pero el impacto futuro es seguro.

Estableciendo Metas

“Felipe tiene un plan fijo para su vida el cual le ayuda a seguir un orden de prioridades. Si los jóvenes fijan un plan al igual que Felipe tendrán mayor salud, bienestar familiar y estabilidad financiera. Apoyemos a nuestros hijos a buscar un rumbo y propósito para su vida.”

Lo que un padre no desea es que sus hijos, a pesar de tener gran potencial de éxito, se queden “atascados” en el limbo de la adolescencia cuando se gradúen de la escuela superior. Por eso, desde pequeños es bueno enseñarles cómo las metas les pueden ayudar a moverse hacia adelante.   Podemos enseñar a nuestros hijos a establecer metas que los ayuden a enfocarse en su futuro siendo nosotros mismos ejemplos de personas que tienen y siguen sus metas. Motivar a tu hijo no significa que vas a fastidiar, persuadir, empujar, rogar, gritar o pelear para que haga lo correcto. Esto solo causa resistencia. Enséñale mejor a motivarse a sí mismo siendo tú una persona inspiradora.

Desde pequeña yo sabía que quería ir a la Universidad, graduarme con honores, enseñar por varios años, comenzar a escribir e implementar currículo y entrenar a otros a invertir sus vidas en el futuro.  Mi madre siempre ha sido mi más grande alentadora y seguidora. Ella me enseñó que las metas nos dan límites mentales y la motivación necesaria para continuar el camino trazado, aunque el camino se ponga cuesta arriba. Esta perseverancia es lo que da paso al éxito. Así que tú también apoya a tus hijos a buscar rumbo y propósito para su vida ayudándolos a delinear lo que ellos desean hacer con su futuro y animándolos a moverse en la dirección correcta, dándoles siempre un buen ejemplo.

Las palabras de Dios a Judá por medio del profeta Jeremías son especialmente aptas para esta ocasión: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes- afirma el Señor- planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11). Este versículo no es una fórmula de prosperidad personal para que alcancemos nuestras metas egoístas. Es una declaración de parte del Dios Todopoderoso de que fuimos creados para Su gloria y que él dirigirá nuestros pasos para que Su voluntad sea hecha en nuestras vidas. Diga estas palabras a sus hijos y recuérdeles desde pequeños que él tiene una esperanza y un futuro para ellos.

 

Los padres proveen a sus hijas beneficios únicos con su presencia activa.

“Estudios demuestran que una joven que tiene una relación positiva con su padre, tendrá menos posibilidades de embarazarse en su adolescencia y más posibilidades de casarse después de alcanzar sus metas educacionales.”

Un estudio realizado en la Universidad de Canterbury demostró que los padres proveen a sus hijas beneficios únicos con su presencia activa y positiva desde su nacimiento hasta que son adultas. La mayoría de los padres desconocen la importancia de su rol y los resultados de estudios como estos y terminan pasando mucho más tiempo con sus hijos que con sus hijas, especialmente, cuando sus hijas comienzan a convertirse en pre-adolescentes y adolescentes.

Pero es importante saber que el padre es el primer objeto de amor del sexo opuesto de su hija y este molda, consciente o inconscientemente, su percepción de lo que es aceptable o no en una relación. Además, el involucramiento directo de un padre en la vida de su hija la va a ayudar a minimizar sus inseguridades y aumentar su confianza en sus habilidades.

Nunca es tarde no importa la etapa en la que tu hija se encuentra para hacerte parte de su vida. He aquí algunas sugerencias que te pueden ser de beneficio.

  1. Busca reanudar una comunicación con tu hija
  2. Trata de afirmar sus decisiones mostrando apoyo en vez de criticar excesivamente
  3. Pide perdón si es necesario ya que esto muestra respeto y amor, pero también ayuda a sanar cualquier herida que haya sido causada entre los dos.
  4. Disfruta su compañía, aprecia quien es. Recuerda, ella nunca va a ser o actuar como tu hijo varón.

Hay situaciones en las que es difícil mantener la calma.

“Antes de hablar con sus emociones, tome un momento para calmarse, considerar la situación y contemplar los consejos y punto de referencia de las otras personas involucradas.”

Hay situaciones en las que es difícil mantener la calma. Debemos aprender a asumir control personal de nuestras acciones y reacciones ante situaciones estresantes. El ejercicio diario, consumir comidas saludables y aprender algunos ejercicios de relajamiento, nos ayudarán a reducir la tensión, lo cual a su vez nos ayuda a aclarar nuestros pensamientos para responder de forma apropiada cuando nos encontramos en situaciones que nos alteran.

Cuando no consideramos el punto de referencia de las otras personas involucradas terminamos llegando a conclusiones basadas en la imaginación y no necesariamente en la realidad. Así que evalúa cuidadosamente las circunstancias a ver si estas ameritan tu enojo y busca clarificación sin perder tus estribos. El comportamiento inapropiado de nuestros hijos NO justifica nuestras reacciones inapropiadas. Cuando ellos actúan de forma irracional, nosotros somos los que debemos actuar racionalmente. La ira no aclara los pensamientos, sino que los enloda y si los dos estamos actuando de manera irracional entonces no habrá resolución.

Nuestras órdenes de marcha son claras: “quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia y toda malicia”. En vez somos llamados a ser benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros como Dios también nos perdonó en Cristo (Efesios 4:31,32). Estas órdenes no son para los domingos cuando vamos a la iglesia, son para que la apliquemos y vivamos día a día en el razonamiento diario de la vida.

 

El amor piensa.

“Una estrategia inteligente de amar toma su tiempo. Primero existe la atracción con límites de intimidad; luego viene la etapa de conocerse mejor y tomar decisiones. Aproveche la oportunidad ahora de hablar a sus hijos sobre estas etapas.”

Al principio en una relación entre adolescentes, uno de los dos va a ser presionado por el otro para progresar rápidamente en la relación y hasta iniciar una intimidad sexual sin primero pensar.  Es bueno hablar con nuestros hijos aun cuando todavía no han iniciado la adolescencia y explicarles la importancia de la progresión saludable y natural en una relación. Debemos también enfatizar que el amor piensa.  

Las relaciones de adolescentes muchas veces van motivadas por percepciones irrealistas, hormonas y necesidades personales. A ninguna de estas tres cosas le gusta armonizar con el cerebro. Sin embargo, cuando las motivaciones no van acompañadas de un poco de cordura y materia gris, terminan desilusionando y confundiendo. Enseña a tu hijo que las mejores relaciones se desarrollan con el tiempo porque es el tiempo lo que permite que dos individuos se conozcan en diferentes dimensiones y situaciones. La mayoría de los atributos negativos de una persona no se hacen evidentes hasta después de 9 o 10 meses de comenzar a conocerse. Mientras mejor se conocen, mejor posibilidad tiene la relación de perdurar.

Para no terminar lamentando una decisión inmadura, enseña a tus hijos a delinear límites claros que separen sus comportamientos y sus emociones.

De por sí somos sordos y ciegos. No podemos ver, y a veces, simplemente, nos rehusamos a ver lo que está en nuestras narices. San Pablo dijo: “teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente” (Efesios 4:18). Es solamente el poder transformador del evangelio que puede abrir nuestros ojos y activar nuestro cerebro a pensar con claridad. No se canse de orar para que Dios transforme su mente y la de sus hijos y abra los ojos de su entendimiento en todas las áreas de su vida (Efesios 1:18).

Es importante actuar honradamente.

 

“Porque yo digo y punto no es la respuesta ideal cuando usted desea que sus hijos se aparten de relaciones que podrían ser problemáticas. Tomar tiempo y explicar las razones para que no se involucren, es algo que ellos aprecian.”

Una vez mencioné a una amiga cuánto admiraba a sus hijos y la forma en la que se trataban el uno al otro en su familia. Ella me confesó que la clave era enseñar honor a los hijos desde muy pequeños. Mi amiga inculco en la mente de sus hijos que las familias están compuestas de personas imperfectas y que casi todos tienen la tendencia de tomar decisiones egoístas. Pero antes de tomar esa postura egoísta pensarán en dar honor al otro.  El honor piensa en lo que agrada a la otra persona y da más de lo que se espera. Es poner la necesidad del otro sobre la tuya. Ella aun así me advertía que la disciplina es importante y toma esfuerzo y trabajo, pero cuando nos enfocamos en desarrollar honor las peleas se hacen menos estresantes.

Cuando un hijo quiere tomar su propio camino, en vez de gritar “porque yo digo y punto,” sería más conveniente hablar sobre la mejor forma de rendirse honor a sí mismo, a los padres y a la otra persona que pueda verse envuelta en esta situación.  Debemos tener cuidado de que en el calor del momento no tomemos decisiones que nos traigan deshonra a nosotros mismos y a los demás. Este tipo de decisión hiere nuestra dignidad bajando nuestra estima. La razón es, usualmente, porque esta deshonra propia va acompañada con una deshonra a los padres y a los demás y somos una unidad. Un individuo no es una isla en sí mismo. En una familia somos interdependientes el uno del otro y lo que hacemos tiene consecuencias para nuestra comunidad familiar. Por eso el apóstol escribió: “amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, refiriéndonos los unos a los otros” (Romanos 12:10).

Escoge Bien.

Aproveche los problemas como una oportunidad para enseñar y hablarle a los hijos sobre cómo reducir los riegos de tomar malas decisiones románticas y de la estrategia inteligente del amor.”

Durante los dos años que trabajé como maestra de un prescolar, me acostumbré a decir una y otra vez, “¡Escoge bien!”. Siempre daba opciones a los niños para que escogieran entre merienda, juegos, actividades, amigos y hasta comportamiento. Ellos sabían que una vez escogían una merienda o un amigo para hacer un proyecto no había forma de volverse para atrás y cambiar de parecer. Se lo decía también cuando se peleaban entre sí, porque si yo los tenía que separar porque uno empujó al otro, etc., entonces iban a tener que hacer sus proyectos solos (una tortura para un niño de 3 o 4 años).  Por eso siempre les decía: “¡Escoge bien!”

Estas mismas palabras se las repito a mis tres hijos que hace tiempo dejaron atrás su etapa prescolar. Porque durante toda la vida tenemos que tomar decisiones comenzando con lo que vamos a comer, si nos vamos a ejercitar, si vamos o no a seguir las sugerencias de amigos insensatos, si vamos a gastar nuestro dinero en ‘chucherías’ o lo vamos a ahorrar para algo especial, si vamos a hacer la tarea con ahínco para sacar buenas calificaciones o vamos a actuar con negligencia y la lista continúa…

En la vida tenemos que tomar muchas decisiones y mientras más decisiones inteligentes tomamos más felices somos. Si estamos acostumbrados a tomar decisiones inteligentes cuando tengamos que escoger entre una encrucijada romántica estaremos más aptos a formular una estrategia inteligente. Esto no es una garantía, pero sí es una buena guía para seguir.

Jesús nos advirtió en el Sermón del Monte cuán difícil escoger bien puede ser para un cristiano cuando dijo: “entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida; y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13-14). El camino estrecho no es muy popular, pero al final lleva a la vida. Enseñemos a nuestros hijos a escoger bien para que cuando sean adultos no se empeñen en entrar por la puerta ancha.

Escuchando Consejos Sabios

“A veces nuestros hijos se empeñan en ir por un camino erróneo y esto nos decepciona. En vez de regañarlos, procure entender lo que les impulsa a llenar su inquietud con un romance o una adicción.”

Es prácticamente imposible obligar a un hijo a hacer lo correcto después que tiene cierta edad. Mi padre recitaba un poema que decía: “Tú no fuerzas a una flor a que se abra, la flor la abre Dios, tú no fuerzas a un amigo a que te ame; el amor lo da Dios. Tu no fuerzas a un alma a que crea; la fe la da Dios. Tu trabajas, oras y amas; lo demás lo hace Dios.” Este concepto de que uno no puede obligar a otro a hacer lo correcto es cierto.  Lo importante cuando nuestros hijos se empeñan en tomar su propio camino es continuar trabajando con ellos, amándolos y ejerciendo nuestra fe en Dios de que se recuperarán. Pero las peleas casi nunca mejoran las cosas.

Proponte en tu corazón permanecer presente en sus vidas, dándole consejos sabios con una actitud positiva y resiste la tendencia de permitir que el altercado arruine la relación entre ustedes. Porque este es el tiempo en el que más te necesitan. Aunque resulte difícil, habla con tus hijos con amor y paciencia procurando entender lo que los impulsa y practicando una presencia positiva y como dice el poema “lo demás lo hará Dios”.  

Es raro el joven que no se obsesiona.

“Si sus hijos se obsesionan con alguien o algo, explore la raíz que los impulsa a pensar tanto en eso. Una obsesión romántica puede cegarlos. Ayúdelos a encontrar y cultivar sus propios intereses, con los que puedan mantener sus mentes ocupadas.”

Es raro el joven que no se obsesiona. Casi todos los padres durante una temporada u otra terminan viendo a sus hijos obsesionándose por algo o por alguien. La obsesión puede ser inofensiva o extrema. Si ves que tu hijo ha desarrollado una obsesión no saludable asegúrate de hablarle sobre la diferencia entre la obsesión y el amor. Entre los puntos más importantes que debes enfatizar es cómo tanto el amor como la obsesión resultan ser emociones muy poderosas y por ello hay que tener cuidado en cuando y como se procede.

El problema es que los programas de televisión, las telenovelas y las revistas muestran incorrectamente a nuestros jóvenes que los síntomas de la obsesión son amor. Esto no es así y nosotros los padres somos los que tenemos que corregir esta mala información diseminada por los medios.  

El amor te permite ser genuino/a, pero la obsesión te hace ver perfecto/a. Nadie es perfecto y actuar de esta manera delante de alguien puede convertirse en algo agotador. El amor acepta las faltas de la otra persona sin permitir que estas faltas lastimen su persona. Mientras que la obsesión esconde las faltas de la otra persona aun cuando estas faltas son de detrimento para la relación. El amor es más que una atracción física, pero la obsesión usualmente es solamente una atracción física. El amor genera energía, pero la obsesión agota. El amor te hace feliz, pero la obsesión te trae celos. Puedes decir a tu hijo/a que en su obsesión es sabio darle tiempo al tiempo para así saber si lo que sienten es amor o una dañina obsesión.

Cuando los hijos desarrollan otros intereses pueden sentirse calmados en vez de agitados mientras descubren e interpretan sus sentimientos. Es importante que descubran los deportes, la fotografía, el arte, la música, etc. para así contrarrestar la agitación que trae una obsesión. Recuerde lo que dice el proverbio: “El alma del perezoso desea y nada alcanza; mas el alma de los diligentes es prosperada” (Proverbios 13:4).

Nuestra tendencia es la de ser seres adictivos.

“Si sus pensamientos y sentimientos por alguien le consumen, y dicha obsesión le motiva a tomar decisiones inmaduras, deténgase. Es posible que la química y el sentimiento le hagan deslizar en apegos románticos antes de que sepa que no es sabio.”

Para los jóvenes es fácil desarrollar una obsesión que luego les hace tomar decisiones inmaduras que terminan lamentando. Parte de la razón por la cual debemos observarlos cuidadosamente y ayudarlos cuando toman sus decisiones es porque la parte del cerebro de una persona que mide las consecuencias del comportamiento no está completamente desarrollada hasta después de haber cumplido los 25 años. Una chica, por ejemplo, que se envuelve en actividades sexuales produce una hormona que la une a la persona con la que está envuelta de forma emocional. Así que, lo que comenzó casualmente y sin compromiso, terminará causando heridas profundas y permanentes. Debido a esta hormona si su novio es abusivo o ha mostrado atributos negativos en su personalidad, a la chica se le hará difícil dejarlo. No porque le falte fuerza de voluntad, pero porque querer a un patán se ha convertido en un problema fisiológico, debido a que esta hormona los ha unido químicamente.

Si nota que su hijo o hija está obsesionado/a, mantén las vías de la comunicación abierta. Este no es el momento para desconectarse de su hijo. Escúchelo y aconséjelo impartiendo su sabiduría cada vez que tenga la oportunidad sin causar peleas que los desconecten.

La vida del creyente es una de sacrificio personal que requiere que este “muera al yo” (Gálatas 5:24). Nuestra tendencia es la de ser seres adictivos. Tenemos una necesidad fuerte y dañina de tener o hacer algo regularmente que nos causa daño o lo va a causar en el futuro. Esta adicción se manifiesta en forma de capricho y es, raramente, saludable. Si hablamos regularmente a nuestros hijos de las cosas que causan dependencia en nuestras vidas, le ayudaremos a poner a muerte esta parte egoísta y obstinada que desea algo de forma excesiva, aunque esto signifique la destrucción propia. La verdadera libertad no está en buscar hacer lo que uno quiere, sino lo que es beneficioso.

La individualidad no es Coincidencia

“Dialogue con sus hijos sobre las cualidades que ellos quisieran que su futuro esposo o esposa admire, reconozca y respete en ellos. Un amor inteligente no trata de cambiar solo para conquistar el amor de otra persona.”

La conformidad es lo opuesto a la valentía. Nuestros jóvenes buscan conformarse pensando que así pueden ser más compatibles entre pareja. La conformidad va guiada por el miedo. Nos conformamos porque tenemos miedo al castigo que sigue cuando nos rehusamos a seguir ciertas normas. Entre el castigo que nuestros hijos reciben cuando buscan ser individuales está el de ser ridiculizado, ignorado, aislado o rechazado. Algunos jóvenes no pueden soportar este tipo de castigo de parte de sus compañeros o de su pareja. Cada persona es diferente y como padres no siempre podemos evitar que nuestros hijos reaccionan de la forma en la que reaccionan. Pero sí podemos, desde que son pequeños, enseñarlos a tomar decisiones propulsadas por el amor y no por el miedo. Podemos inculcarles cuando juegan con sus amigos desde pequeños que lo que hacemos debe conllevar amor y respeto propio.  

Podemos hablarles sobre la importancia de la individualidad de sus ideas, esperanzas y sueños y animarlos a no dejarse suprimir por miedo a ser quienes son. Podemos también relucir su individualidad y enseñarlos a desarrollar una piel fuerte. Un amor inteligente no trata de conformarse o cambiar para conquistar a la otra persona; al contrario, hace relucir su individualidad para destacarse del montón.

El llamado del profeta Jeremías muestra, claramente, cómo Dios nos hizo especial y únicos con un llamado específico para nuestras vidas. Dios dice al profeta, “Antes que te formase en el vientre te conocí y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones” (Jeremías 1:5). Jeremías no tuvo que convertirse en un noble o un fuerte, etc. para cumplir su llamado. Dios llamó a este hombre sensible conocido como el profeta llorón para que hablara en las cortes del templo, en el palacio real y en las puertas de la ciudad con el propósito de advertir al pueblo de la cautividad inminente y la destrucción del Templo. Dios, sabiendo que era un hombre sensible, no lo obligó a convertirse en quien no era para darle su comisión, sino que lo usó grandemente y lo escogió para esta tarea aun antes de formarlo en el vientre.

Adviértales a sus hijos del peligro de las emociones y hormonas.

“Cuando un joven se encapricha, las químicas soltadas por el cerebro producen energía, euforia y felicidad. Adviértales a sus hijos del peligro de las emociones y hormonas, las cuales pueden confundir y anímelos a amar no solo con el corazón, pero con su mente también.” La parte del cerebro de una persona que mide las consecuencias de su comportamiento no está completamente desarrollada hasta después de haber cumplido los 25 años.

Por eso un joven debe abstenerse de relaciones sexuales, especialmente, temprano en la relación ya que estas producen una hormona que lo unen a la persona con la que está envuelto emocionalmente.  Esta hormona, junto a la falta del desarrollo completo del cerebro, forman una combinación peligrosa. Este químico crea un comportamiento adictivo. Es el tipo de químico que mantiene a una persona adicta a la heroína o la cocaína por lo que los dos adolescentes envueltos dejan de considerar el riesgo que corren de adquirir enfermedades transmitidas sexualmente, embarazos no deseados o el peligro de una relación abusiva.

Cuando enseñamos a nuestros hijos a amar con la mente, no solo con el corazón los estamos ayudando en este periodo en el cual su cerebro necesita ser guiado.  La Biblia dice que, “Engañoso es el corazón más que todas las cosas y perverso ¿Quién lo conocerá?” Jeremías 17:9. Dios no desea que nuestras emociones lleven las riendas de nuestras vidas por una razón en particular: Nuestro corazón es engañoso. Todos tenemos un corazón engañoso que juega trucos con nuestros pensamientos. Por eso Dios nos ha dado su palabra para que midamos nuestros deseos con sus mandamientos. Si nuestros deseos van en contra de los mandamientos de Dios, entonces, la decisión se hace difícil. Nuestro deseo es ir por un camino, pero el de Dios es que vayamos por otro.  El Espíritu Santo nos ayuda a obedecer a Dios y morir al yo.

El Espíritu Santo actúa en nosotros de la forma opuesta a nuestro corazón. Mientras que el corazón es engañoso, el Espíritu Santo es verdadero (Juan 14:17). Él es nuestro consejero, consolador, el maestro que nos enseña todas las cosas y nos recuerda lo que Dios ha dicho en su palabra.

No tenemos que depender de nuestra condición natural de humanos. Pues mejor es dejarse guiar por el Espíritu Santo. La Biblia dice que hemos sido sellados con el Espíritu Santo de la Promesa. Esto quiere decir que él está a nuestro lado a todo tiempo para guiar nuestros pasos y traernos la convicción que necesitamos.  El Espíritu Santo nos guía hacia toda verdad y agiliza en nosotros su Palabra. Pero también nos ayuda en nuestras debilidades (Romanos 8). Así que no dejes que tu corazón lleve las riendas de tu vida. Mejor dáselas a quien puede guiarte sin engaño.

¿Cómo enfrenta usted los conflictos?

“¿Cómo enfrenta usted los conflictos? ¿Los evita o se paraliza por estos? Sus emociones a veces pueden intensificarse y hacer que usted se comporte de manera irracional. Procure calmarse antes de actuar”.

Los conflictos que no se enfrentan correctamente terminan creando amargura. Algunas personas huyen del conflicto, rehusándose a enfrentarlo. Otros permiten que sus emociones se intensifiquen y se comportan de manera irracional. Las dos formas son incorrectas. Los problemas deben ser enfrentados racionalmente.  La Doctora Alicia La Hoz, en su libro Romance Perpetuo, nos da cinco recomendaciones como reglas de la comunicación que nos pueden ayudar a enfrentar los conflictos y resolverlos con éxito. Primero, ella dice que debemos perseverar y enfocarnos a exponer solo una queja. Cuando se está tratando un problema es sabio no traer otros asuntos a la conversación. Comenzar a nombrar todas las quejas que uno tiene sobre una persona quita el enfoque del problema presente y “ensucia las aguas”. Esto quiere decir que el problema ya no es el enfoque, sino la persona y al final no se resolverá nada.

Segundo, ella nos sugiere que hable por usted en el presente. Nunca se debe asumir lo que la otra persona está pensando o se debe hablar por el otro no importa cuánto crea que usted conozca a esa otra persona. Tercero, considere lo que la otra persona le está diciendo. Hay que tener cuidado de que no estamos tratando de forma obstinada de probar que tenemos la razón. Cuarto, regale el compromiso. Cuando uno gana la batalla el 100%, ha dejado a su paso a la persona que “perdió” maltratada y avergonzada. Esto no deja un buen resultado. Una persona nunca debe ser desvalorada de esa manera. Quinto, “para poder ganar, hay que perder.” La relación es más importante que el conflicto y uno debe tratar de enfrentar el conflicto sin destruir la relación.     

El Apóstol Pablo tiene una alta opinión sobre nuestra vocación y nos exhorta a que vivamos de una manera digna de la vocación con la que hemos sido llamados. Tenemos que andar de una forma digna aun cuando estamos en medio de un conflicto amargo. Resulta difícil no darse a los deseos de la carne cuando estamos siendo inundados por emociones intensas. Sabiendo esto, el apóstol nos dio las siguientes pautas: “con toda humildad y mansedumbre, con paciencia, soportándoos unos a otros en amor, esforzándoos por perseverar la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz (Efesios 4:1-3)”. Memoricemos estos versículos y repitámoslos una y otra vez en nuestras mentes para que agrademos a Dios aun en medio de nuestras peleas o desacuerdos más intensos.

Si desea aprender más sobre cómo enfrentar los conflictos y las discusiones lea el tercer capítulo de Romance Perpetuo por la Doctora Alicia La Hoz.

Lo hecho, hecho está

“Cuando los hijos defraudan a los padres, la situación pueda dar un giro destructivo. Una conversación abierta le permitirá obtener los detalles necesarios para resolverla.”

La culpabilidad que sienten los padres modernos se hace muy evidente cuando los hijos defraudan a los padres. Los padres, de inmediato, asumen que fallaron en su crianza. Comienzan a cuestionar si han sido demasiado estrictos o demasiado permisivos. Este sentimiento de culpabilidad no es fructífero. Si no aprendemos a usarlo a nuestra ventaja, termina siendo un sentimiento destructivo para nosotros y para nuestros hijos.

Algunas veces tenemos que admitir: “Lo hecho, hecho está.” No estamos sugiriendo que los padres desarrollen una actitud indiferente hacia las acciones de sus hijos, pero sí sugerimos que tomen el sentimiento ingrato de culpabilidad y lo usen como un arma para reactivar la relación con los hijos. Podemos permitir que estos sentimientos de culpa actúen como la guía que nos ayuda a pedir perdón y ser sincero con nuestros hijos. La culpabilidad nos puede convertir en seres más sensibles y la sensibilidad abre la puerta a una relación que había sido cerrada anteriormente. Es esta sensibilidad lo que ahora puede ayudarnos a obtener los detalles de lo ocurrido en una atmósfera más liviana para resolverla.

Lo que estamos sugiriendo es contraproducente a lo que la mayoría de nosotros aprendimos de niños. Pues es muy posible que nuestros padres nos hayan cerrado la puerta cuando nosotros una vez los defraudamos. Pero cerrar la puerta solo confirma el sentimiento de culpabilidad que sentimos y no resuelve nada. Este es el momento crucial de dejar de hablar para comenzar a escuchar. Pero debemos convertirnos en personas que escuchan con humildad. Esta humildad que emana de la sensibilidad que hemos adquirido debido al enfoque correcto de nuestro sentido de culpabilidad, cautiva el corazón de nuestros hijos y conduce a una verdadera reconciliación.  

Todos somos culpables de hacer mal o de fallar una que otra vez, aunque nos esforzamos por hacer el bien. Pero la Biblia dice: “Ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” (Romanos 8:1). Este verso es impactante porque sugiere que no importa cuáles sean nuestras imperfecciones, Dios no nos cierra la puerta o nos condena por ser imperfectos, él usa nuestra culpabilidad e imperfección para que haya reconciliación entre nosotros y Dios. Caminemos entonces en el Espíritu y busquemos ser la clase de padres que no cierran la puerta a sus hijos, sino que emulan la bondad del Padre Celestial extiendo justicia y misericordia sin importa cuáles sean sus infracciones.