Estableciendo Metas

“Felipe tiene un plan fijo para su vida el cual le ayuda a seguir un orden de prioridades. Si los jóvenes fijan un plan al igual que Felipe tendrán mayor salud, bienestar familiar y estabilidad financiera. Apoyemos a nuestros hijos a buscar un rumbo y propósito para su vida.”

Lo que un padre no desea es que sus hijos, a pesar de tener gran potencial de éxito, se queden “atascados” en el limbo de la adolescencia cuando se gradúen de la escuela superior. Por eso, desde pequeños es bueno enseñarles cómo las metas les pueden ayudar a moverse hacia adelante.   Podemos enseñar a nuestros hijos a establecer metas que los ayuden a enfocarse en su futuro siendo nosotros mismos ejemplos de personas que tienen y siguen sus metas. Motivar a tu hijo no significa que vas a fastidiar, persuadir, empujar, rogar, gritar o pelear para que haga lo correcto. Esto solo causa resistencia. Enséñale mejor a motivarse a sí mismo siendo tú una persona inspiradora.

Desde pequeña yo sabía que quería ir a la Universidad, graduarme con honores, enseñar por varios años, comenzar a escribir e implementar currículo y entrenar a otros a invertir sus vidas en el futuro.  Mi madre siempre ha sido mi más grande alentadora y seguidora. Ella me enseñó que las metas nos dan límites mentales y la motivación necesaria para continuar el camino trazado, aunque el camino se ponga cuesta arriba. Esta perseverancia es lo que da paso al éxito. Así que tú también apoya a tus hijos a buscar rumbo y propósito para su vida ayudándolos a delinear lo que ellos desean hacer con su futuro y animándolos a moverse en la dirección correcta, dándoles siempre un buen ejemplo.

Las palabras de Dios a Judá por medio del profeta Jeremías son especialmente aptas para esta ocasión: “Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes- afirma el Señor- planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza” (Jeremías 29:11). Este versículo no es una fórmula de prosperidad personal para que alcancemos nuestras metas egoístas. Es una declaración de parte del Dios Todopoderoso de que fuimos creados para Su gloria y que él dirigirá nuestros pasos para que Su voluntad sea hecha en nuestras vidas. Diga estas palabras a sus hijos y recuérdeles desde pequeños que él tiene una esperanza y un futuro para ellos.

 

Los padres proveen a sus hijas beneficios únicos con su presencia activa.

“Estudios demuestran que una joven que tiene una relación positiva con su padre, tendrá menos posibilidades de embarazarse en su adolescencia y más posibilidades de casarse después de alcanzar sus metas educacionales.”

Un estudio realizado en la Universidad de Canterbury demostró que los padres proveen a sus hijas beneficios únicos con su presencia activa y positiva desde su nacimiento hasta que son adultas. La mayoría de los padres desconocen la importancia de su rol y los resultados de estudios como estos y terminan pasando mucho más tiempo con sus hijos que con sus hijas, especialmente, cuando sus hijas comienzan a convertirse en pre-adolescentes y adolescentes.

Pero es importante saber que el padre es el primer objeto de amor del sexo opuesto de su hija y este molda, consciente o inconscientemente, su percepción de lo que es aceptable o no en una relación. Además, el involucramiento directo de un padre en la vida de su hija la va a ayudar a minimizar sus inseguridades y aumentar su confianza en sus habilidades.

Nunca es tarde no importa la etapa en la que tu hija se encuentra para hacerte parte de su vida. He aquí algunas sugerencias que te pueden ser de beneficio.

  1. Busca reanudar una comunicación con tu hija
  2. Trata de afirmar sus decisiones mostrando apoyo en vez de criticar excesivamente
  3. Pide perdón si es necesario ya que esto muestra respeto y amor, pero también ayuda a sanar cualquier herida que haya sido causada entre los dos.
  4. Disfruta su compañía, aprecia quien es. Recuerda, ella nunca va a ser o actuar como tu hijo varón.

Aprende a establecer metas.

“Algunas relaciones amorosas de la juventud permanecen. Mientras su personalidad madura y tienen más experiencias en la vida, lo que es más importante para usted se clarifica. Toma decisiones basadas en tus metas y no resbales por la pasión pasajera.”

Aprende a establecer metas. Las metas ponen tu mirada en el futuro y te mantienen caminando hacia adelante. Cuando una persona no tiene metas comienza a sentirse atascada. Sentirse atascada es como empujar peñascos que no pueden ser movidos y esto trae frustración. Las metas te ayudan a aceptar las cosas que no puedes cambiar y a maniobrar cuando te sientes como un tronco atorado en el rio. Las metas te ayudarán a ganar tu enfoque mientras las aguas caudalosas del río vienen como avalancha en contra tuya. Las metas no son para competir con amigos o actuar de forma pedante; son solo para mantenerte enfocada. Son como tu canoa privada en el río. Algunas veces, para alcanzar tus metas vas a querer remar rápido en tu canoa, pero otras veces querrás ir despacio y otras veces, simplemente, dejarás que las corrientes te lleven río abajo. Habrá ocasiones en las que tendrás que desviarte para seguir el camino de un arroyo que te lleva a un manantial. Descansa ahí. Pero cuando estés lista para emprender el camino regrésate al río para seguir tus metas.

Cuando la Palabra de Dios habla de metas, usualmente, está haciendo referencia a la meta más importante de todas, “ser como Cristo.” Mientras perseguimos nuestras metas, es importante que busquemos, constantemente, ser transformados mediante la renovación de nuestra mente, para comprobar cuál es la voluntad de Dios, buena, agradable y perfecta (Romanos 12:1). No es la intención de Dios que una persona se mantenga estancada. Él desea que olvidemos lo que queda atrás y nos extendamos a lo que está adelante prosiguiendo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús (Filipenses 3:12-15).

(Si deseas leer más la importancia de establecer metas ordena el panfleto diseminado por Lazos de Familia: Entre Nosotras).

Hay situaciones en las que es difícil mantener la calma.

“Antes de hablar con sus emociones, tome un momento para calmarse, considerar la situación y contemplar los consejos y punto de referencia de las otras personas involucradas.”

Hay situaciones en las que es difícil mantener la calma. Debemos aprender a asumir control personal de nuestras acciones y reacciones ante situaciones estresantes. El ejercicio diario, consumir comidas saludables y aprender algunos ejercicios de relajamiento, nos ayudarán a reducir la tensión, lo cual a su vez nos ayuda a aclarar nuestros pensamientos para responder de forma apropiada cuando nos encontramos en situaciones que nos alteran.

Cuando no consideramos el punto de referencia de las otras personas involucradas terminamos llegando a conclusiones basadas en la imaginación y no necesariamente en la realidad. Así que evalúa cuidadosamente las circunstancias a ver si estas ameritan tu enojo y busca clarificación sin perder tus estribos. El comportamiento inapropiado de nuestros hijos NO justifica nuestras reacciones inapropiadas. Cuando ellos actúan de forma irracional, nosotros somos los que debemos actuar racionalmente. La ira no aclara los pensamientos, sino que los enloda y si los dos estamos actuando de manera irracional entonces no habrá resolución.

Nuestras órdenes de marcha son claras: “quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia y toda malicia”. En vez somos llamados a ser benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros como Dios también nos perdonó en Cristo (Efesios 4:31,32). Estas órdenes no son para los domingos cuando vamos a la iglesia, son para que la apliquemos y vivamos día a día en el razonamiento diario de la vida.

 

El amor piensa.

“Una estrategia inteligente de amar toma su tiempo. Primero existe la atracción con límites de intimidad; luego viene la etapa de conocerse mejor y tomar decisiones. Aproveche la oportunidad ahora de hablar a sus hijos sobre estas etapas.”

Al principio en una relación entre adolescentes, uno de los dos va a ser presionado por el otro para progresar rápidamente en la relación y hasta iniciar una intimidad sexual sin primero pensar.  Es bueno hablar con nuestros hijos aun cuando todavía no han iniciado la adolescencia y explicarles la importancia de la progresión saludable y natural en una relación. Debemos también enfatizar que el amor piensa.  

Las relaciones de adolescentes muchas veces van motivadas por percepciones irrealistas, hormonas y necesidades personales. A ninguna de estas tres cosas le gusta armonizar con el cerebro. Sin embargo, cuando las motivaciones no van acompañadas de un poco de cordura y materia gris, terminan desilusionando y confundiendo. Enseña a tu hijo que las mejores relaciones se desarrollan con el tiempo porque es el tiempo lo que permite que dos individuos se conozcan en diferentes dimensiones y situaciones. La mayoría de los atributos negativos de una persona no se hacen evidentes hasta después de 9 o 10 meses de comenzar a conocerse. Mientras mejor se conocen, mejor posibilidad tiene la relación de perdurar.

Para no terminar lamentando una decisión inmadura, enseña a tus hijos a delinear límites claros que separen sus comportamientos y sus emociones.

De por sí somos sordos y ciegos. No podemos ver, y a veces, simplemente, nos rehusamos a ver lo que está en nuestras narices. San Pablo dijo: “teniendo el entendimiento entenebrecido, ajenos de la vida como los otros gentiles, que andan en la vanidad de su mente” (Efesios 4:18). Es solamente el poder transformador del evangelio que puede abrir nuestros ojos y activar nuestro cerebro a pensar con claridad. No se canse de orar para que Dios transforme su mente y la de sus hijos y abra los ojos de su entendimiento en todas las áreas de su vida (Efesios 1:18).

Es importante actuar honradamente.

 

“Porque yo digo y punto no es la respuesta ideal cuando usted desea que sus hijos se aparten de relaciones que podrían ser problemáticas. Tomar tiempo y explicar las razones para que no se involucren, es algo que ellos aprecian.”

Una vez mencioné a una amiga cuánto admiraba a sus hijos y la forma en la que se trataban el uno al otro en su familia. Ella me confesó que la clave era enseñar honor a los hijos desde muy pequeños. Mi amiga inculco en la mente de sus hijos que las familias están compuestas de personas imperfectas y que casi todos tienen la tendencia de tomar decisiones egoístas. Pero antes de tomar esa postura egoísta pensarán en dar honor al otro.  El honor piensa en lo que agrada a la otra persona y da más de lo que se espera. Es poner la necesidad del otro sobre la tuya. Ella aun así me advertía que la disciplina es importante y toma esfuerzo y trabajo, pero cuando nos enfocamos en desarrollar honor las peleas se hacen menos estresantes.

Cuando un hijo quiere tomar su propio camino, en vez de gritar “porque yo digo y punto,” sería más conveniente hablar sobre la mejor forma de rendirse honor a sí mismo, a los padres y a la otra persona que pueda verse envuelta en esta situación.  Debemos tener cuidado de que en el calor del momento no tomemos decisiones que nos traigan deshonra a nosotros mismos y a los demás. Este tipo de decisión hiere nuestra dignidad bajando nuestra estima. La razón es, usualmente, porque esta deshonra propia va acompañada con una deshonra a los padres y a los demás y somos una unidad. Un individuo no es una isla en sí mismo. En una familia somos interdependientes el uno del otro y lo que hacemos tiene consecuencias para nuestra comunidad familiar. Por eso el apóstol escribió: “amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, refiriéndonos los unos a los otros” (Romanos 12:10).

Escoge Bien.

Aproveche los problemas como una oportunidad para enseñar y hablarle a los hijos sobre cómo reducir los riegos de tomar malas decisiones románticas y de la estrategia inteligente del amor.”

Durante los dos años que trabajé como maestra de un prescolar, me acostumbré a decir una y otra vez, “¡Escoge bien!”. Siempre daba opciones a los niños para que escogieran entre merienda, juegos, actividades, amigos y hasta comportamiento. Ellos sabían que una vez escogían una merienda o un amigo para hacer un proyecto no había forma de volverse para atrás y cambiar de parecer. Se lo decía también cuando se peleaban entre sí, porque si yo los tenía que separar porque uno empujó al otro, etc., entonces iban a tener que hacer sus proyectos solos (una tortura para un niño de 3 o 4 años).  Por eso siempre les decía: “¡Escoge bien!”

Estas mismas palabras se las repito a mis tres hijos que hace tiempo dejaron atrás su etapa prescolar. Porque durante toda la vida tenemos que tomar decisiones comenzando con lo que vamos a comer, si nos vamos a ejercitar, si vamos o no a seguir las sugerencias de amigos insensatos, si vamos a gastar nuestro dinero en ‘chucherías’ o lo vamos a ahorrar para algo especial, si vamos a hacer la tarea con ahínco para sacar buenas calificaciones o vamos a actuar con negligencia y la lista continúa…

En la vida tenemos que tomar muchas decisiones y mientras más decisiones inteligentes tomamos más felices somos. Si estamos acostumbrados a tomar decisiones inteligentes cuando tengamos que escoger entre una encrucijada romántica estaremos más aptos a formular una estrategia inteligente. Esto no es una garantía, pero sí es una buena guía para seguir.

Jesús nos advirtió en el Sermón del Monte cuán difícil escoger bien puede ser para un cristiano cuando dijo: “entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta y angosto el camino que lleva a la vida; y pocos son los que la hallan” (Mateo 7:13-14). El camino estrecho no es muy popular, pero al final lleva a la vida. Enseñemos a nuestros hijos a escoger bien para que cuando sean adultos no se empeñen en entrar por la puerta ancha.

La sabiduría puede encontrarse en la abundancia de los consejos.

“Los pensamientos son frustrados donde no hay consejo. Más en la multitud de consejeros se afirman” (Proverbios 11:14). Busquen un consejo cuando se sientan abrumados por los desafíos que se le presentan.”

La sabiduría puede encontrarse en la abundancia de los consejos. Pero es importante que busques consejo solo de personas sabias, pues es claro que existen personas insensatas cuyas opiniones resultan ser más dañinas que beneficiosas. Escucha a personas que has visto tener éxito en el área que deseas lograr éxito. Este es el caso cuando buscamos amistad, consejo y ánimo en nuestros entrenadores, mentores, amigos profesionales y personas templadas.

Muchas personas temen buscar consejo porque no desean parecer incompetentes. Pero este temor no tiene base segura. Se ha demostrado que las personas que buscan consejo y escuchan con discernimiento son más competentes que las personas que toman decisiones sin recibir asesoramiento o escuchar las experiencias de otros. Así que pongamos nuestro orgullo a un lado y busquemos hacer lo mejor para nuestros hijos. Si no conoces a alguien con este tipo de cualificaciones, compra libros de expertos y saca provecho de sus experiencias. Entendiendo, claro está, que cada hijo es diferente y la misma fórmula no siempre funciona en cada situación.

Escuchando Consejos Sabios

“A veces nuestros hijos se empeñan en ir por un camino erróneo y esto nos decepciona. En vez de regañarlos, procure entender lo que les impulsa a llenar su inquietud con un romance o una adicción.”

Es prácticamente imposible obligar a un hijo a hacer lo correcto después que tiene cierta edad. Mi padre recitaba un poema que decía: “Tú no fuerzas a una flor a que se abra, la flor la abre Dios, tú no fuerzas a un amigo a que te ame; el amor lo da Dios. Tu no fuerzas a un alma a que crea; la fe la da Dios. Tu trabajas, oras y amas; lo demás lo hace Dios.” Este concepto de que uno no puede obligar a otro a hacer lo correcto es cierto.  Lo importante cuando nuestros hijos se empeñan en tomar su propio camino es continuar trabajando con ellos, amándolos y ejerciendo nuestra fe en Dios de que se recuperarán. Pero las peleas casi nunca mejoran las cosas.

Proponte en tu corazón permanecer presente en sus vidas, dándole consejos sabios con una actitud positiva y resiste la tendencia de permitir que el altercado arruine la relación entre ustedes. Porque este es el tiempo en el que más te necesitan. Aunque resulte difícil, habla con tus hijos con amor y paciencia procurando entender lo que los impulsa y practicando una presencia positiva y como dice el poema “lo demás lo hará Dios”.  

Es raro el joven que no se obsesiona.

“Si sus hijos se obsesionan con alguien o algo, explore la raíz que los impulsa a pensar tanto en eso. Una obsesión romántica puede cegarlos. Ayúdelos a encontrar y cultivar sus propios intereses, con los que puedan mantener sus mentes ocupadas.”

Es raro el joven que no se obsesiona. Casi todos los padres durante una temporada u otra terminan viendo a sus hijos obsesionándose por algo o por alguien. La obsesión puede ser inofensiva o extrema. Si ves que tu hijo ha desarrollado una obsesión no saludable asegúrate de hablarle sobre la diferencia entre la obsesión y el amor. Entre los puntos más importantes que debes enfatizar es cómo tanto el amor como la obsesión resultan ser emociones muy poderosas y por ello hay que tener cuidado en cuando y como se procede.

El problema es que los programas de televisión, las telenovelas y las revistas muestran incorrectamente a nuestros jóvenes que los síntomas de la obsesión son amor. Esto no es así y nosotros los padres somos los que tenemos que corregir esta mala información diseminada por los medios.  

El amor te permite ser genuino/a, pero la obsesión te hace ver perfecto/a. Nadie es perfecto y actuar de esta manera delante de alguien puede convertirse en algo agotador. El amor acepta las faltas de la otra persona sin permitir que estas faltas lastimen su persona. Mientras que la obsesión esconde las faltas de la otra persona aun cuando estas faltas son de detrimento para la relación. El amor es más que una atracción física, pero la obsesión usualmente es solamente una atracción física. El amor genera energía, pero la obsesión agota. El amor te hace feliz, pero la obsesión te trae celos. Puedes decir a tu hijo/a que en su obsesión es sabio darle tiempo al tiempo para así saber si lo que sienten es amor o una dañina obsesión.

Cuando los hijos desarrollan otros intereses pueden sentirse calmados en vez de agitados mientras descubren e interpretan sus sentimientos. Es importante que descubran los deportes, la fotografía, el arte, la música, etc. para así contrarrestar la agitación que trae una obsesión. Recuerde lo que dice el proverbio: “El alma del perezoso desea y nada alcanza; mas el alma de los diligentes es prosperada” (Proverbios 13:4).

Las tácticas manipuladoras para conquistar a alguien son deshonestas.

“Pregúntele a su hijo si, genuinamente, le gusta la personalidad de alguien. Motíveles a escribir una lista de cosas que admiran de él o ella, además de cosas que les preocupa. Hábleles de las consecuencias de apoyarse en tácticas de juego para conquistar a alguien.”

Hay un dicho que se está pasando por el internet en estos días que dice: “Él se enamoró de sus flores y no de sus raíces y en otoño no supo qué hacer.” La relación que se basa en una mentira corre el riesgo de no crear raíces. Se está cometiendo suicidio de relación cuando uno no es genuino desde el principio. Pretender es algo que puedes hacer cuando comienzas un nuevo trabajo o cuando estás aprendiendo algo nuevo, pero no cuando estás comenzando a entablar una relación.  El cerebro humano es capaz de procesar una increíble cantidad de información, especialmente, cuando está interaccionando con otro ser humano. Esto significa que la mentira no va a prevalecer y la otra persona va a ver la verdad y, eventualmente, se sentirá defraudado cuando vea que ha sido engañado.

A los hijos hay que hablarles de las consecuencias negativas que causa a una relación apoyarse en tácticas de juego cuando se busca conquistar a alguien. Una forma fácil de hablar sobre estas tácticas es sentarse a ver una telenovela por una media hora con los hijos y luego tener una pequeña discusión sobre la forma en que los personajes manipularon, mintieron, y se representaron para obtener lo que querían. Los escritores de las telenovelas tienen gran facilidad para crear personajes que son manipuladores y usan tácticas dañinas para conquistar. Puedes mirar un episodio por media hora para mostrar a tu hijo/a como él/ella también está actuando de forma deshonesta cuando no actúa de forma genuina desde el principio y cuáles van a ser las posibles consecuencias de su falta de honestidad.

Las tácticas manipuladoras para conquistar a alguien son deshonestas. Dios está en contra de los que usan su lengua para mal: “el que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua del mal y sus labios de hablar engaño; apártese del mal y haga el bien; busque la paz y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen mal” (I Pedro 3:10-12). A veces pensamos que hacer el mal es una acción malévola deliberada. Pero este versículo cataloga las acciones de una persona en dos: los justos y los que hacen el mal; no existe una tercera categoría para las acciones menos drásticas como son las mentiras “blancas” y la decepción hecha “sin mala intención”. Debemos tener cuidado de no crear esta tercera categoría pues esta no existe ante los ojos de Dios. Si buscas que los ojos del Señor estén sobre ti y sus oídos atentos a tus oraciones, busca andar honestamente delante de Él en todas las áreas de tu vida, incluyendo tus intereses románticos.  

Los hijos vienen con el conocimiento innato de cómo manipular a sus padres.

“¿Le han engañado sus hijos? Ellos conocen muy bien cuál es su debilidad y saben apelar a esto cuando gustan conseguir un capricho personal. Procure cultivar su sueño solo cuando usted este seguro de su motivación.”

Los hijos vienen con el conocimiento innato de cómo manipular a sus padres. Puede estar seguro que de que su hijo sabe lo tiene que hacer para que lo deje en paz o para obtener lo que quiere.

Cierto encanto de parte de sus hijos para salirse con la suya es inofensivo. Pero otras veces no es apropiado. Como cuando su hijo ha demostrado debilidad de carácter en el pasado y ahora quiere hacer algo que le ha prohibido hacer debido a su actitud en una situación similar pasada. O cuando su hijo o hija trata de crear disensión entre tu esposo/a y tú para salirse con la suya.

Un padre debe estar alerta a estos comportamientos porque estos encantos se convierten en manipulación y esta manipulación se convierte en un juego de control. En esencia, su hijo está diciendo que si no haces lo que él dice vas a tener que enfrentarte a su mal comportamiento.

En esta situación el hijo tratará de gritar o intimidar a su padre o madre cuando responde. El padre en vez de gritar y convertir la situación en una pelea sobre quién puede gritar más debe nombrar el problema directamente y con voz calmada decir simplemente: “Me estás tratando de intimidar con ese tono de voz. Este asunto no lo podemos discutir hasta que te calmes.” No diga nada más. Más adelante vuelva a expresar sus deseos sin dar a su hijo la impresión de que está buscando su opinión.

Cuando mis hijos eran pequeñitos y buscaban manipular o buscaban salirse con la suya a toda costa, yo los sentaba en mi falda y les decía que un día no muy lejano cuando cumplieran sus 21 años de edad iban a tener toda una vida para hacer lo que ellos quisieran y que ya yo no podía intervenir. Terminaba esta conversación diciéndoles, “¿No te parece que el día que cumplas 21 años va a ser un día muy divertido?” Por algún motivo inexplicable, esta conversación siempre disminuía el espíritu de rebelión que al momento tenían.

Dios, al hijo que ama disciplina. La razón es que las correcciones de la disciplina son camino de vida y Dios desea que tengamos una buena vida (“y en abundancia”). Por este mismo motivo debemos nosotros también disciplinar a nuestros hijos. El proverbio dice: “Porque el mandamiento es lámpara y la enseñanza es luz y el camino de vida las reprensiones que te instruyen” (Proverbio 6:23). Así que no te desanimes pues estás haciendo un bien a tus hijos cuando te concentras en una disciplina sabia (no airada) que busca hacer de tus hijos discípulos de Cristo. No te olvides que tu hogar debe ser un centro de discipulado.

Nuestra tendencia es la de ser seres adictivos.

“Si sus pensamientos y sentimientos por alguien le consumen, y dicha obsesión le motiva a tomar decisiones inmaduras, deténgase. Es posible que la química y el sentimiento le hagan deslizar en apegos románticos antes de que sepa que no es sabio.”

Para los jóvenes es fácil desarrollar una obsesión que luego les hace tomar decisiones inmaduras que terminan lamentando. Parte de la razón por la cual debemos observarlos cuidadosamente y ayudarlos cuando toman sus decisiones es porque la parte del cerebro de una persona que mide las consecuencias del comportamiento no está completamente desarrollada hasta después de haber cumplido los 25 años. Una chica, por ejemplo, que se envuelve en actividades sexuales produce una hormona que la une a la persona con la que está envuelta de forma emocional. Así que, lo que comenzó casualmente y sin compromiso, terminará causando heridas profundas y permanentes. Debido a esta hormona si su novio es abusivo o ha mostrado atributos negativos en su personalidad, a la chica se le hará difícil dejarlo. No porque le falte fuerza de voluntad, pero porque querer a un patán se ha convertido en un problema fisiológico, debido a que esta hormona los ha unido químicamente.

Si nota que su hijo o hija está obsesionado/a, mantén las vías de la comunicación abierta. Este no es el momento para desconectarse de su hijo. Escúchelo y aconséjelo impartiendo su sabiduría cada vez que tenga la oportunidad sin causar peleas que los desconecten.

La vida del creyente es una de sacrificio personal que requiere que este “muera al yo” (Gálatas 5:24). Nuestra tendencia es la de ser seres adictivos. Tenemos una necesidad fuerte y dañina de tener o hacer algo regularmente que nos causa daño o lo va a causar en el futuro. Esta adicción se manifiesta en forma de capricho y es, raramente, saludable. Si hablamos regularmente a nuestros hijos de las cosas que causan dependencia en nuestras vidas, le ayudaremos a poner a muerte esta parte egoísta y obstinada que desea algo de forma excesiva, aunque esto signifique la destrucción propia. La verdadera libertad no está en buscar hacer lo que uno quiere, sino lo que es beneficioso.

Debemos ejercer límites en nuestras relaciones.

“Pregúntele a sus hijos si al entrar en una relación se sienten oprimidos, inseguros, o manipulados; esto es una indicación de que la relación no es saludable. Mejor que se distancian de dichas influencias antes de dejarse llevar por estas.”

Debemos ejercer límites en nuestras relaciones. Es importante que enseñemos a nuestros hijos a cuidarse de relaciones inmersas. En este tipo de relación la pareja depende una de la otra para sentirse bien, sacrificando su bienestar psicológico en el proceso. Su concepto personal está definido por la otra persona.

Si usted ve que su hijo o hija no está atendiendo a sus otras relaciones porque siente culpa cuando hace algo con sus otros amigos; su estima propia y felicidad depende de esta otra persona y deja de ser un individuo distintivo tiene causa para interferir.

Para tomar el pulso de la relación de su hijo/a pregunte: ¿Hay algo que te está molestando? ¿Tu novio/a respeta tu opinión y tus sentimientos? ¿Te trata tu pareja como su posesión, con humillación o con control? Recuerda que mereces una relación segura donde te sientes aceptada/o, seguro y feliz.

Nuestra relación con Dios es la única relación que debe ser inmersa. De El dependemos y en el existimos. Si él no va primero nosotros no vamos. Como dice el himno escrito por Benjamín Simpson: “Cristo solo, Cristo Siempre; nuestro todo en todo Él es.”  No permita que ningún ser humano tome el lugar de Dios.

La individualidad no es Coincidencia

“Dialogue con sus hijos sobre las cualidades que ellos quisieran que su futuro esposo o esposa admire, reconozca y respete en ellos. Un amor inteligente no trata de cambiar solo para conquistar el amor de otra persona.”

La conformidad es lo opuesto a la valentía. Nuestros jóvenes buscan conformarse pensando que así pueden ser más compatibles entre pareja. La conformidad va guiada por el miedo. Nos conformamos porque tenemos miedo al castigo que sigue cuando nos rehusamos a seguir ciertas normas. Entre el castigo que nuestros hijos reciben cuando buscan ser individuales está el de ser ridiculizado, ignorado, aislado o rechazado. Algunos jóvenes no pueden soportar este tipo de castigo de parte de sus compañeros o de su pareja. Cada persona es diferente y como padres no siempre podemos evitar que nuestros hijos reaccionan de la forma en la que reaccionan. Pero sí podemos, desde que son pequeños, enseñarlos a tomar decisiones propulsadas por el amor y no por el miedo. Podemos inculcarles cuando juegan con sus amigos desde pequeños que lo que hacemos debe conllevar amor y respeto propio.  

Podemos hablarles sobre la importancia de la individualidad de sus ideas, esperanzas y sueños y animarlos a no dejarse suprimir por miedo a ser quienes son. Podemos también relucir su individualidad y enseñarlos a desarrollar una piel fuerte. Un amor inteligente no trata de conformarse o cambiar para conquistar a la otra persona; al contrario, hace relucir su individualidad para destacarse del montón.

El llamado del profeta Jeremías muestra, claramente, cómo Dios nos hizo especial y únicos con un llamado específico para nuestras vidas. Dios dice al profeta, “Antes que te formase en el vientre te conocí y antes que nacieses te santifiqué, te di por profeta a las naciones” (Jeremías 1:5). Jeremías no tuvo que convertirse en un noble o un fuerte, etc. para cumplir su llamado. Dios llamó a este hombre sensible conocido como el profeta llorón para que hablara en las cortes del templo, en el palacio real y en las puertas de la ciudad con el propósito de advertir al pueblo de la cautividad inminente y la destrucción del Templo. Dios, sabiendo que era un hombre sensible, no lo obligó a convertirse en quien no era para darle su comisión, sino que lo usó grandemente y lo escogió para esta tarea aun antes de formarlo en el vientre.