“Pregúntele a su hijo si, genuinamente, le gusta la personalidad de alguien. Motíveles a escribir una lista de cosas que admiran de él o ella, además de cosas que les preocupa. Hábleles de las consecuencias de apoyarse en tácticas de juego para conquistar a alguien.”

Hay un dicho que se está pasando por el internet en estos días que dice: “Él se enamoró de sus flores y no de sus raíces y en otoño no supo qué hacer.” La relación que se basa en una mentira corre el riesgo de no crear raíces. Se está cometiendo suicidio de relación cuando uno no es genuino desde el principio. Pretender es algo que puedes hacer cuando comienzas un nuevo trabajo o cuando estás aprendiendo algo nuevo, pero no cuando estás comenzando a entablar una relación.  El cerebro humano es capaz de procesar una increíble cantidad de información, especialmente, cuando está interaccionando con otro ser humano. Esto significa que la mentira no va a prevalecer y la otra persona va a ver la verdad y, eventualmente, se sentirá defraudado cuando vea que ha sido engañado.

A los hijos hay que hablarles de las consecuencias negativas que causa a una relación apoyarse en tácticas de juego cuando se busca conquistar a alguien. Una forma fácil de hablar sobre estas tácticas es sentarse a ver una telenovela por una media hora con los hijos y luego tener una pequeña discusión sobre la forma en que los personajes manipularon, mintieron, y se representaron para obtener lo que querían. Los escritores de las telenovelas tienen gran facilidad para crear personajes que son manipuladores y usan tácticas dañinas para conquistar. Puedes mirar un episodio por media hora para mostrar a tu hijo/a como él/ella también está actuando de forma deshonesta cuando no actúa de forma genuina desde el principio y cuáles van a ser las posibles consecuencias de su falta de honestidad.

Las tácticas manipuladoras para conquistar a alguien son deshonestas. Dios está en contra de los que usan su lengua para mal: “el que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua del mal y sus labios de hablar engaño; apártese del mal y haga el bien; busque la paz y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen mal” (I Pedro 3:10-12). A veces pensamos que hacer el mal es una acción malévola deliberada. Pero este versículo cataloga las acciones de una persona en dos: los justos y los que hacen el mal; no existe una tercera categoría para las acciones menos drásticas como son las mentiras “blancas” y la decepción hecha “sin mala intención”. Debemos tener cuidado de no crear esta tercera categoría pues esta no existe ante los ojos de Dios. Si buscas que los ojos del Señor estén sobre ti y sus oídos atentos a tus oraciones, busca andar honestamente delante de Él en todas las áreas de tu vida, incluyendo tus intereses románticos.  

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