“Si sus pensamientos y sentimientos por alguien le consumen, y dicha obsesión le motiva a tomar decisiones inmaduras, deténgase. Es posible que la química y el sentimiento le hagan deslizar en apegos románticos antes de que sepa que no es sabio.”

Para los jóvenes es fácil desarrollar una obsesión que luego les hace tomar decisiones inmaduras que terminan lamentando. Parte de la razón por la cual debemos observarlos cuidadosamente y ayudarlos cuando toman sus decisiones es porque la parte del cerebro de una persona que mide las consecuencias del comportamiento no está completamente desarrollada hasta después de haber cumplido los 25 años. Una chica, por ejemplo, que se envuelve en actividades sexuales produce una hormona que la une a la persona con la que está envuelta de forma emocional. Así que, lo que comenzó casualmente y sin compromiso, terminará causando heridas profundas y permanentes. Debido a esta hormona si su novio es abusivo o ha mostrado atributos negativos en su personalidad, a la chica se le hará difícil dejarlo. No porque le falte fuerza de voluntad, pero porque querer a un patán se ha convertido en un problema fisiológico, debido a que esta hormona los ha unido químicamente.

Si nota que su hijo o hija está obsesionado/a, mantén las vías de la comunicación abierta. Este no es el momento para desconectarse de su hijo. Escúchelo y aconséjelo impartiendo su sabiduría cada vez que tenga la oportunidad sin causar peleas que los desconecten.

La vida del creyente es una de sacrificio personal que requiere que este “muera al yo” (Gálatas 5:24). Nuestra tendencia es la de ser seres adictivos. Tenemos una necesidad fuerte y dañina de tener o hacer algo regularmente que nos causa daño o lo va a causar en el futuro. Esta adicción se manifiesta en forma de capricho y es, raramente, saludable. Si hablamos regularmente a nuestros hijos de las cosas que causan dependencia en nuestras vidas, le ayudaremos a poner a muerte esta parte egoísta y obstinada que desea algo de forma excesiva, aunque esto signifique la destrucción propia. La verdadera libertad no está en buscar hacer lo que uno quiere, sino lo que es beneficioso.

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