“Imponga consecuencias firmes y razonables si sus hijos ocasionan un daño. Si la intención fue maliciosa o desafiante, procure explorar la raíz del desafío.”
Seguramente, ha escuchado el dicho de que “el niño que más necesita amor es el más indeseable.” Mientras más desafiante se pone un hijo; más amor, comprensión y firmeza necesita. La firmeza está relaciona a las consecuencias que usted imponga a sus hijos por los daños que haya ocasionado.
Desafortunadamente, un padre puede empeorar las cosas en una de dos maneras. Primeramente. con el estilo de su personalidad y segundo, con la estrategia que escoge cuando disciplina. Un padre, por ejemplo, con una personalidad controladora, le quita las opciones a sus hijos cuando comienza a ser demandas constantes de su tiempo y a “ladrar” órdenes quitándole así su independencia. Este tipo de crianza tan estricta hace que su hijo ejerza su deseo de independencia de forma negativa y comience a exhibir señales de rebelión. Por el otro lado, un padre permisivo puede darse, fácilmente, por vencido cuando su hijo se queja o resiste corrección. En este caso el hijo comienza a convertirse en un manipulador por excelencia. La buena noticia es que si el padre reconoce que su personalidad exhibe características de que es, excesivamente, estricto o, excesivamente, permisivo puede superarse si se esfuerza por el bien de los hijos.
La segunda forma de empeorar las cosas es cuando el padre escoge un tipo de disciplina que no es igual a la infracción que ha sido cometida. Por ejemplo, quitar a su hijo el privilegio de su teléfono por el fin de semana puede ser un castigo demasiado extremo si la infracción fue que se le olvidó colgar la toalla después del baño. Así que imponga consecuencias razonables cuando sus hijos ocasionan daño o exhiben comportamientos no deseables. Cuidándose de que lo que está haciendo lo está haciendo con amor, compresión y firmeza.
La raíz de la palabra disciplina es discipulado. La razón por la cual disciplinamos a nuestros hijos es porque deseamos que se conviertan en discípulos de Cristo: “El mandamiento es una lámpara, la enseñanza es una luz y la disciplina es el camino a la vida” (Proverbios 6:23). El que no disciplina con amor, comprensión y firmeza, no está haciendo discípulos. El que disciplina con ira y manipulación está contribuyendo así a la muerte espiritual de sus hijos. Así que discipline a sus hijos como nuestro Padre celestial nos disciplina a nosotros.

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