Los expertos nos animan a no gastar más de un 50% de nuestros ingresos en necesidades. Esto incluye vivienda, alimentos, y transportación. Ellos también nos instan a ahorrar por lo menos un 20% para los imprevistos y para el futuro, dejando un 30% para las cosas que no son necesarias pero que nos hacen la vida un poco más fácil. Pero muchos de nosotros ignoramos este consejo y compramos mucho más de lo que deberíamos terminando viviendo cheque por cheque y muy cerca de la bancarrota.

Cuando trabajes en tu presupuesto trata de poner primero tus prioridades en orden. Si tus gastos necesarios exceden un 50% entonces no podrás tener vacaciones o guardar dinero para ayudar a tus hijos con su educación universitaria.

Recuerda que una casa grande también significa más dinero de electricidad, calefacción, e impuestos. Mejor que una casa grande con una hipoteca de por vida es estar preparado para el futuro. NO compres una casa que es más grande que tu habilidad de pagarla cómodamente sin sacrificar el tiempo que le dedicas a tu familia.

Mantén todo en perspectiva, se generoso, y aprende contentamiento. Toma de forma literal las palabras del salmista cuando dijo, “Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos y es hermosa la heredad que me ha tocado” (Salmos 16:6), pues la felicidad no se encuentra en la localidad física de una persona sino en su estado espiritual.

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