La parte más importante de una discusión son los primeros tres minutos. Es más, de un 96% de nuestras discusiones, la forma en la que comenzamos la conversación va a determinar la forma en la que vamos a terminarla o a resolverla. Podemos quedarnos paralizados o atascados en nuestras opiniones o podemos  bajarnos del carrusel y comenzar a incluir risas, afecto y comprensión cuando nuestras diferencias comienzan a hacernos sentir abrumados. La Doctora, licenciada de terapia familiar, Liz Hale nos advierte de cuatro contaminantes comunes que debemos minimizar y eliminar de entre nuestras conversaciones:

  1. Crítica (atacar el carácter del otro)
  2. Menosprecio (mostrando desdén por la otra persona)
  3. Actitud defensiva que culpa y contra ataca a la otra persona
  4. Obstruccionismo (ya sea convirtiéndose en una persona evasiva o desconectarse sin el propósito de resolver el problema).

Prepárate para tener una discusión productiva comenzando a traer el tema de forma suave y calmada. No comiences con sarcasmo, crítica, o acusaciones. Se privado, apreciativo y cortes. Resuelve hablar sobre el asunto de forma civilizada sobre solucionar el problema. Ten en cuenta que hay diferencias que nunca podrás resolver. En vez de resistirte, acéptalas.

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