¿Recuerdas alguna lección que aprendiste de forma difícil? Una colega me contó que cuando ella comenzó la universidad, sus padres le enviaban una cantidad modesta de dinero para ayudar con la comida y otros gastos esenciales. Su primer mes viviendo sola gastó todo su dinero en una parranda con los amigos y tuvo que pasar el resto del mes comiendo solo avena de desayuno, comida y cena ya que sus padres se rehusaron a mandarle más dinero para re-emplazar el que gastó. Esta fue la única y última vez que salió de parranda con sus amigos sin primero medir las consecuencias de sus hechos.

Al igual que ella, todos tenemos alguna historia sobre algo que aprendimos de forma difícil y cómo estos errores nos convirtieron en mejores personas en el camino.  Pero en estos días se nos hace más y más difícil encontrar a personas que han enfrentado este tipo de adversidad porque la mayoría de los padres del siglo 21 tenemos aversión a riesgos y muy poca tolerancia para el fracaso y si nuestros hijos gastan todo el dinero en una parranda en asuntos de horas ya les estamos transfiriendo más dinero a sus cuentas bancarias  para que no sufran.

Pero si deseamos ver a nuestros hijos transformados en adultos ingeniosos y competentes debemos estar dispuestos a dejarlos asumir las consecuencias de sus acciones. Nuestros hijos deben aprender, como todo buen carpintero, a medir dos veces y cortar solo una vez. Actuar de forma impulsiva, sin pensar, es igual que cortar sin medir.

Chris Hudson, el autor de Criando Adolescentes Fuertes, nos da seis razones para dejar de mimar a nuestros hijos y dejarlos que enfrenten las consecuencias de sus acciones.

  1. Para que aprendan a adaptarse
  2. Para que se les quite el miedo al fracaso
  3. Para que aprendan a responsabilizarse
  4. Para que aprendan a salir hacia adelante
  5. Para que aprendan a lidiar con el desaliento
  6. Para que no sean reclamadores

Claro que muchas veces debemos dar a nuestros hijos una mano cuando se están ahogando, pero mientras más años cumplen, menos ayuda nuestra deben requerir. La madurez trae consigo la habilidad de medir consecuencias. Los hijos no necesitan ser protegidos de las consecuencias de sus actos; lo que necesitan es que les enseñemos a medir antes de cortar.

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