Desarrollar una relación de confianza con los hijos, comienza desde la cuna cuando los vínculos de  apego comienzan a formarse. Es aquí que el niño primero aprende que puede depender de sus padres cuando está angustiado. A medida que van creciendo la disciplina apropiada y los límites que se establecen, continúan fortaleciendo esos vínculos pues el jovencito se da cuenta que la disciplina y los límites han sido establecidos para su protección.

El niño que ahora se ha convertido en adolescente debe siempre sentir la presencia de sus padres. Saber que están ahí para amarlo, aceptarlo y guiarlo aun cuando las cosas no van bien, disminuye la depresión y la inseguridad. Mientras más tiempo un adulto pasa con su hijo, menos apto está el hijo a tomar riesgos. Es importante que tus hijos sepan que estás siempre disponible por si te necesita.

Cuando un hijo está en un aprieto lo que más necesita es el apoyo de sus padres. Si se ha sentido apoyado en situaciones menos emergentes, entonces tendrá la valentía de buscarlos en sus momentos decisivos. Nunca es tarde para comenzar a ser un padre más efectivo.  Una vez los años de entrenamiento hayan pasado, los padres deben esforzarse en amar y escuchar más que en disciplinar y advertir para que la relación entre ellos no se estanque, sino que pueda seguir creciendo.

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