El temor que uno siente a causa de la intimidación y amenazas de un burlón o un abusador, es un sentimiento muy real. El acosador socava, debilita y desautoriza para controlar y destruir la confidencia propia. Lo que, a su vez, da lugar al miedo. Cuando le damos cabida al miedo, este crece y se hace aun más amenazante que el acosador que va tras de ti.

Un estudio hecho en Kings Collegem, London; ha demostrado que adultos que vivieron bajo la amenaza del miedo debido al acoso en su infancia aun sufrían sus consecuencias unos 40 años más tarde. El  estudio demostró que ellos tuvieron peor relaciones y salud en sus vidas como adultos. Lo opuesto también ha resultado ser correcto, pues otro estudio ha corroborado que el que acosó a otros cuando era niño o niña, demuestra en su vida de adulto comportamiento antisocial, depresión y episodios de pánico.

Para romper este ciclo dañino es imperativo que primero:

  1. Admitas lo que te sucedió en el pasado y cómo esta acción está ahora impactando tus relaciones y tu salud mental.
  2. Confieses tu dolor pasado y el presente a alguien de confianza. Si eres una persona de fe, confiesa a Dios tu dolor.
  3. Comiences a buscar sanidad, ya sea a través de ayuda profesional, del perdón o de la sanidad interior que viene cuando uno no descuida su vida espiritual.
  4. Comiences a destruir el miedo con el amor.

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