Hay situaciones en las que es difícil mantener la calma. Debemos aprender a asumir control personal de nuestras acciones y reacciones ante situaciones estresantes. El ejercicio diario, consumir comidas saludables y aprender algunos ejercicios de relajamiento; nos ayudarán a reducir la tensión, lo cual a su vez nos ayuda a aclarar nuestros pensamientos para responder de forma apropiada cuando nos encontramos en situaciones que nos alteran.

Cuando no consideramos el punto de referencia de las otras personas involucradas terminamos llegando a conclusiones basadas en la imaginación y no necesariamente en la realidad. Así que evalúa cuidadosamente las circunstancias a ver si estas ameritan tu enojo y busca clarificación sin perder tus estribos. El comportamiento inapropiado de nuestros hijos NO justifica nuestras reacciones inapropiadas. Cuando ellos actúan de forma irracional nosotros somos los que debemos actuar racionalmente. La ira no aclara los pensamientos, sino que los enloda y si los dos estamos actuando de manera irracional, entonces no habrá resolución.

Nuestras órdenes de marcha son claras: “quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia”. En vez de actuar de esta manera, somos llamados a ser benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros como Dios también nos perdonó en Cristo (Efesios 4:31,32). Estas órdenes no son para los domingos, cuando vamos a la iglesia, son para que la apliquemos y vivamos día a día en el rozamiento diario de la vida.

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