“Para muchos padres, es difícil aceptar los errores de los hijos. Investigue bien l
as acusaciones antes de negarlas, para así evitar el ciclo dañino.”
Un familiar cercano una vez me hizo una advertencia sobre un mal comportamiento él vio en mi hijo. Mi primera reacción fue la de enojarme con él porque según mi criterio él estaba inventando y reflejando en mi hijo lo que él era o había vivido en su niñez. Después de que mi ira inicial paso, me puse a pensar en cómo el futuro podría terminar si yo por lo menos no consideraba la advertencia que me estaba dando. Así que me revestí de humildad y entablé una serie de conversaciones y acciones preventivas para con mi hijo. Mi familiar y yo nunca nos pusimos de acuerdo en los detalles de lo ocurrido pero si sé que gracias a su advertencia mi hijo ha recibido más entrenamiento y enseñanza en un área de su desarrollo que yo había descuidado.
Es difícil y hasta casi imposible para un padre aceptar acusaciones de los demás hacia sus hijos sin primero estallar. Pero es importante de no “tapar el sol con un dedo.” Trate de ponerse neutral e investigar bien lo ocurrido no para que se vuelva vindicativo hacia su hijo sino para ayudarlo a corregir su camino con amonestación sabia.
¡Cuántas veces me he sentido deficiente ante la tarea de corregir y disciplinar a mis hijos! Problemas y situaciones enigmáticas se presentan y no sé cómo confrontarlas.
Pero he descubierto estos últimos 19 años que la clave está en la oración. Si en vez de alborotarme y perder mis estribos, me pongo de rodillas y busco dirección de mi Padre Celestial término recibiendo una sabiduría para encarar la situación que de otra forma nunca hubiera encontrado. Los padres tenemos un llamado y un privilegio muy
grande de parte de nuestro Señor para criar a nuestros hijos en disciplina y amonestación del Señor (Efesios 6:4). Pero también somos humanos y tenemos recursos muy limitados. Pero esta falta de recursos es parte de la voluntad de Dios pues debido a estas limitaciones nos vemos obligados a depender de El para todo. Al que le gusta ser independiente y liberado no le va a gustar ser un padre o una madre Cristiana ya que para criar a hijos en la disciplina y amonestación del Señor necesitamos ser absolutamente dependientes del que en contraste con nosotros, tiene recursos ilimitados.
Así que la próxima vez que te sientas deficiente, incapaz, torpe, confundido ante las acciones de tus hijos da gracias a Dios que te tiene exactamente donde te quiere: dependiendo de el en una actitud de fe.

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